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Discursos

Discurso 25 años institucionales: Doctora Patricia

Por: Dra. Patricia Campos Olazábal
Rectora de la USAT


“Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el sol: tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de sanar; tiempo de destruir y tiempo de construir; tiempo de llorar y tiempo de reír, tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar; tiempo de abrazar y tiempo de separarse; tiempo de callar y tiempo de hablar, tiempo de guerra y tiempo de paz “. ¡Con estas palabras del Libro del Eclesiastés les doy la bienvenida a la ceremonia central por nuestros 25 años de vida institucional, porque hoy es tiempo de celebrar!

Sres. Autoridades

Para comenzar me gustaría agradecer a Dios por permitirnos llegar a este momento, a Mons. Jesús, a Mons. Roberto, a Mons. Guillermo y a las autoridades que me dieron su confianza para estar al frente de nuestra casa de estudios y a todas y cada una de las personas que han hecho posible este momento.

Hoy es tiempo de celebrar, celebramos nuestros 25 años de historia, y podemos decir que estamos muy orgullosos de ser lo que somos, y del sitial que hemos conseguido con la gracia de Dios, con mucho esfuerzo, y con la ayuda de todos y cada uno de los miembros de esta comunidad a los que personalmente les doy un sincero agradecimiento. Nacimos del sueño de Mons. Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea, en ese entonces Obispo de Chiclayo, él quería una educación de calidad para todos, sobre todo la formación de buenos profesionales. Nacimos en el seno del Instituto Pedagógico Santo Toribio, a la sombra del trabajo infatigable del padre Dionicio Quiroz, y de la ilusión diligente de Monseñor Jesús Moliné, quien veló con sabiduría los primeros pasos de nuestra Universidad.

A lo largo del tiempo, valga la redundancia, hubo tiempo de plantar, de construir, de llorar. Construimos lo que hoy somos, una Universidad de prestigio, una Universidad que se precia de ser una gran familia, una Universidad que queremos siga impactando en la sociedad, que sea como decía el Cardenal Newman, hoy santo, el lugar donde se enseña un saber universal. El objeto de la universidad para él no era moral sino intelectual, su fin era la difusión y extensión del conocimiento más que su avance experimental. Ciertamente, la universidad debe ser un lugar que fomenta el avance científico y tecnológico que, hoy por hoy, es avasallador. Newman fundó la universidad en un contexto en que los católicos eran desfavorecidos, desde el punto de vista de la educación; al crearla quería combatir la desigualdad intelectual que imperaba. Ella tenía sentido si generaba algún tipo de beneficio para la comunidad, sobre todo para sus estudiantes. Interesante concepto en una época en que no se hablaba de RSU.

Para Newman la universidad no solo aportaba un saber técnico, sino que debería formar a los alumnos, su misión era educarles en los hábitos que les permitieran guiar su intelecto, también el buen juicio, conducirlos a la elocuencia, al buen trato con los demás, y a saber afrontar distintos empleos. En otras palabras, debería ser una herramienta de transformación social, para un colectivo tan desfavorecido como el católico irlandés. Concepción de Universidad muy cercana a nuestra misión y visión, y a la idea inspiradora de nuestro fundador.  Me gusta creer que lo seguimos siendo y, si Dios quiere, lo seguiremos siendo en los próximos años, si seguimos cultivando, con espíritu cristiano, la calidad en los procesos de enseñanza, la amistad sincera, la comunicación, el diálogo abierto, y la investigando que impacte en la mejora de la sociedad.

Permítanme una pequeña digresión que ya Newman apuntaba. No se trata solamente de responder y adaptarse, se trata de saber lo que la sociedad realmente necesita. Se trata de usar ahora, por ejemplo, la tecnología, a nuestro alcance, para llegar más lejos, sin dejar de lado la esencia de ser universidad. Sin embargo, y ocurre mucho en nuestros días, corremos tras lo que dice el mercado, y nos transformamos en una gran maquinaria de producción y consumo, fragmentamos el conocimiento y terminamos siendo solo una estrategia de empleabilidad. En este punto, me gustaría resaltar el papel importantísimo de nuestros aliados estratégicos, Egresados, Empresas, Instituciones Públicas y Privadas que nos ayudan a hacer realidad nuestro sueño, y que, uniendo su fuerza a la nuestra, nos ayudan a construir una Región, y porque no decirlo un País, mejor.

¿Qué papel tiene el docente en todo esto? Respondamos con Newman: “Si queremos formarnos plenamente en una rama del saber con su diversidad y complicación, debemos consultar a un hombre vivo y escuchar su voz viviente”.  Para Reyero un buen profesor no lo es tal por lo que enseña, sino, más bien, por lo que invita a aprender; y en eso aún tenemos que trabajar. La actitud del docente formador debe ser ante todo la humildad. Para Newman un “gentleman” era un cristiano poseedor de hábitos intelectuales, además, de estar impregnado de humildad, caridad y fe cristiana.

Un punto que quiero recalcar y, no creo equivocarme por su importancia en la formación universitaria, es el papel de las Humanidades, y los llamados cursos de Formación General. En nuestra sociedad actual, para muchos, son una pérdida de tiempo. Para nosotros representan el core de lo que somos como universidad católica. Sigue diciendo Newman: “no se puede plantear una autentica formación académica sin una visión universal de la realidad y de la naturaleza humana”. Para él el papel que tienen las Humanidades en la sociedad es indeclinable, “una sociedad fragmentada y dividida por ideologías diversas ofrece un rompecabezas social, que hace imposible pensar en la ordenación y la importancia de saberes conforme a la verdad del hombre, el bien y la belleza de lo humano”.

De esta manera la universidad se convierte realmente en alma mater, porque es: “una madre nutricia para las mentes y los corazones de los que allí estudian”. El espíritu universitario se forma en la comunidad de profesores y alumnos de las diferentes disciplinas del saber, que se congregan alrededor de la búsqueda de la verdad.

Me gustaría mencionar las “crisis” en palabras del Cdl Tolentino: “ahora que se banalizó el término crisis, será por ventura un riesgo continuar usándolo para describir la construcción del itinerario interior y espiritual, la lenta y contradictoria madurez que siempre es nuestra. Tal vez necesitamos descubrir que en el transcurrir del camino, los grandes ciclos de interrogación, la intensidad de la búsqueda, los tiempos de impase, los dolores y contradicciones se instalan para que se evite lo peor. Y ¿qué es lo peor? Mirar sin ver, oír sin escuchar, captar de alguna manera mas no haber acogido. Efectivamente, lo peor es no reconocer las oportunidades, el bien ofrecido”. En este largo camino de 25 años hubo crisis y las pudimos reconocer, valorar, resolver. Al volver la vista atrás me pregunto ¿Vivimos el ideario inspirador del Fundador, de los comienzos? ¿Cumplimos con el ideal de universidad de Newman? Ambos querían una universidad que no viviera de espaldas a su tiempo, una universidad con impacto. Personalmente, creo que hemos ido creciendo, madurando, perfeccionando. La última crisis denominada pandemia por COVID- 19 , nos sorprendió felizmente con una preparación tecnológica en construcción y gracias al esfuerzo y empuje de todos seguimos adelante; cada crisis es una oportunidad de crecer. Y hoy estamos como quien alcanza una meta, pero que apenas aferrada, se le escurre entre las manos, porque su grandeza y hermosura le plantean una nueva distancia.

¿Qué queremos para después? ¿Qué deseamos para el mañana? Seguir creciendo en calidad, seguir creciendo en cultura universitaria y en sentido de familia. Apostar por acreditaciones internacionales, que nos digan qué estamos haciendo bien y que no. Apostar por una internacionalización cada vez mayor. Crear más lazos con universidades hermanas, que permitan a nuestros docentes y alumnos ver el mundo universo, que es el significado de Universidad, captar otras realidades, para traer y volcar ese conocimiento en nuestra Región.

En estos 25 años, también hemos crecido en infraestructura y en personal. Empezaron 12 profesores y hoy somos cerca de 1000 trabajadores, cerca del 60% de ellos son docentes. Además, somos una universidad muy sui generis: un poco mas del 60% de direcciones están a cargo de mujeres. ¿Algo especial aporta la cuota femenina? San Juan Pablo II, gran defensor de la mujer, decía que sí, y acuñó el término “genio femenino”, no por “el mal genio” sino por la manera como las mujeres abordamos la solución a los problemas desde nuestras habilidades blandas, y desde nuestra mirada siempre maternal. Hoy aún no tenemos todos los Laboratorios que quisiéramos, pero si los que necesitamos y nuestra perspectiva es ampliarlos; conocemos la enorme importancia que tienen, la experiencia enriquece el conocimiento.

Pero obviamente educación de calidad no significa solo tener buena infraestructura. Significa, sobre todo, calidad educativa, educación en valores y, permítanme, hacer mías las palabras de Carlos Garatea en la ceremonia de apertura del año académico 2023: “Debemos trabajar en instaurar una educación que se asiente en valores democráticos y en una conciencia ambiental, pongamos nuestra voluntad en ser empáticos, fraternos y coherentes con lo que decimos y hacemos”.

Para terminar, me gustaría citar al Papa Francisco, quien al hablar del Pacto Educativo Global decía: “el segundo paso audaz, hacia un nuevo pacto formativo, consiste en tener la fuerza como comunidad, para ofrecer a la educación las mejores energías posibles”. Decía que no es fácil, no lo es porque el día a día consume nuestras fuerzas, porque vemos como la misma sociedad vuelca sus energías, más proactivas y creativas, al servicio de la producción y el mercado. “Se necesita entonces el coraje de hacer un verdadero cambio radical de dirección, la inversión es urgente porque solo a través de la educación podemos esperar de manera realista un cambio positivo en la planificación a largo plazo, porque el mañana exige lo mejor de hoy”.

El Papa pedía, como tercer paso, “coraje” para formar personas dispuestas a ponerse al servicio de la comunidad. El verdadero servicio de la educación es la educación al servicio. En palabras de Hannah Arendt: “la educación es el momento que decide si amamos lo suficiente al mundo, como para responsabilizarnos de él y salvarlo de la ruina, la cual es inevitable sin renovación, sin la llegada de nuevos seres, de jóvenes. En la educación se decide también si amamos tanto a nuestros hijos, al punto de no excluirlos de nuestro mundo, dejándolos solos a merced de sí mismos, al punto de no quitarles la oportunidad de emprender algo nuevo, algo impredecible para nosotros, y los preparamos para la tarea de renovar un mundo que será común a todos”.

En el umbral de estos 25 largos y fructíferos años, dejemos que nuestros jóvenes emprendan su camino, apoyados en la formación que podamos darles, comprometámonos con ellos a seguir siendo docentes que los acompañarán en pos de sus sueños, digámosle a la sociedad: “aquí estamos”, juntos construyamos un país mejor.

¡Felices 25 años para todos!

Muchas gracias


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