LA MUERTE NOS ACOMPAÑA, ES NUESTRA ETERNA COMPAÑERA

juicio finalLa asignatura de antropología filosófica, si es entendida adecuadamente, puede generar en la persona el deseo de profundizar en temas tan diversos e interesantes como la muerte.

No podemos escapar a ella y no solo porque nos llegará el momento, sino por todas las personas que vemos morir cada día.

Actualmente es muy común escuchar “hay que vivir la vida como si fuera nuestro último día, porque no sabemos lo que nos puede pasar mañana”, eso es bastante cierto y también hay que tenerlo en cuenta pero creo que hay algo que nos afecta más que la propia muerte y es la de nuestros seres más queridos.

Normalmente no pensamos en ella, hasta que ya es demasiado tarde. Esta es la idea que quiero transmitir; que no solo hay que aceptarla y asumirla, sino vivir con ella y tenerla siempre presente porque para saber vivir hay que saber que es la muerte.

Platón considera que filosofar es prepararse para morir, pero prepararse para morir no es otra cosa que pensar en la vida mortal en que vivimos. El saber que vas a morir es lo que hace que tu vida sea única e irrepetible. Todas las tareas y empeños que hacemos o ponemos en nuestra vida lo utilizamos para resistir ante la muerte. Es la conciencia de la muerte la que convierte la vida en un asunto muy serio para cada uno.

Continuamente nos preguntamos ¿Por qué nos morimos? El alma es espiritual y no puede morir; pero nos morimos porque además de espirituales somos materiales; y lo material se divide o corrompe. Al principio Dios otorgó a Adán y Eva el don de la inmortalidad corporal, pero lo perdieron por el pecado original. Desde entonces todos los hombres mueren.

¿Qué sucede en la muerte? La muerte consiste en la separación del alma y el cuerpo. Tiene lugar cuando el cuerpo se deteriora tanto que el alma es incapaz de mantenerlo en vida. Entonces se produce la ruptura. El cuerpo sin alma pasa a ser un cadáver. En cambio, el alma se dirige a su destino.

Y ¿Qué sucede al alma después de la muerte? Esta pregunta puede responderse mejor con ayuda de la fe, aceptando lo que Jesucristo nos enseñó. Según esto, inmediatamente después de la muerte tiene lugar el llamado juicio particular donde Dios nuestro Señor juzga a cada persona. La sentencia de este juicio puede ser triple:

  • Al cielo van los que mueren en gracia de Dios. Allí gozan de la máxima felicidad sin mezcla de mal alguno, y para siempre.
  • Al infierno van quienes mueren en pecado mortal. Allí se sufren penas eternas.
  • Al purgatorio van quienes mueren en gracia de Dios pero con el alma menos brillante de lo necesario para ir al cielo. En el purgatorio hay grandes sufrimientos pero también esperanza, pues saben que después de purificarse verán a Dios.

¿Por qué nos preocupa la muerte? Es normal que la muerte nos entristezca pues deseamos conservar la vida. Sin embargo, la muerte preocupa menos a quienes saben que después hay otra vida. Si se piensa en lo que se deja, surge la tristeza; si se piensa en la vida que nos espera, el agobio disminuye.

¿Qué hacer para que la muerte nos preocupe menos? Para disminuir la tristeza ante la muerte se recomienda llevar bien la vida cristiana: confesarse a menudo, rezar… Si crece la cercanía y confianza en Dios, disminuyen los temores. Otro consejo es recordar la filiación divina pues, ¿a qué temerá un hijo de Dios, un hijo de María?

¿Es malo pensar en la muerte? No es malo ni pesimista. Es sano realismo. A veces pensar en la muerte da paz pues las dificultades de la vida no duran siempre. Al final de la batalla nos espera la felicidad de la vida eterna junto a Dios.

 ¿Cómo plantearse así la vida? La certeza de la muerte aporta realismo a la vida en varios temas:

  • Aprovechamiento del tiempo: el tiempo que disponemos para hacer el bien es limitado.
  • Valor relativo de los bienes materiales: son útiles si permiten realizar las buenas obras que conducen a la felicidad eterna.
  • El cuerpo posee gran dignidad y se debe proteger pero al final muere y se pudre, mientras el alma permanece. Por tanto, conviene dar mayor importancia al cuidado del alma. Propia y ajena.
  • Después de la muerte viene el juicio de Dios y conviene vivir dispuestos a ser juzgados, manteniendo el deseo con obras de ganar el cielo.

La muerte es necesaria para recordarnos todas las cosas importantes que tenemos en nuestras vidas y recordar que puede llegar a cada momento, nos hace mucho más fácil perdonar, olvidar, darnos cuenta de los errores que cometemos y nos hacen desperdiciar nuestras vidas, pero especialmente nos recuerda su presencia lo tremendamente importantes que son determinadas personas para nosotros y que no podríamos vivir sin ellas.

Stephany

(Estudiante de administración IV ciclo)