Mi voto va para…

Por: Alberto Zamora Vega
Universidad de Navarra, España

Vivo fuera del Perú desde hace algunos años y he seguido la campaña municipal a la alcaldía de Lima de cerca a través de la red y de amigos y familiares. Si la contrastamos con la campaña presidencial de Brasil podemos observar que dos días después de las elecciones existían cifras oficiales con los resultados y había una clara ganadora.

Centrándome en Lima, ha pasado casi un mes de las elecciones municipales y todavía nos hemos quedado con la idea de un “ganador virtual”. Aún no existe una cifra oficial de la ONPE que refleje formalmente a la ganadora a la alcaldía, sin embargo a todas luces se sabe que será Susana Villarán la próxima alcaldesa de Lima, quedando, según las encuestas, Lourdes Flores en segundo lugar.

Haciendo un poco de memoria histórica entre los gobernantes que hemos tenido en los últimos años se puede concluir que los peruanos muchas veces no atinamos al elegir al mejor candidato, o mejor dicho, al elegir al mejor gobernante.

Un claro caso que marcó un hito en la historia reciente del Perú fue la pugna por la presidencia en el año 1989 entre Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori. La historia se ha encargado de establecer quién era el más óptimo para el cargo, pero también se encargó de sentenciar como ganador al menos óptimo. Uno es premio Príncipe de Asturias y actual Premio Nobel, ambos de literatura; y el otro un dictador, condenado a veinticinco años de prisión y el autor de la más grande red de corrupción que se ha conocido en toda la historia del Perú.

En la actualidad, considero que de la pugna por la alcaldía de Lima se desprende que el mejor candidato no tiene porqué coincidir con el mejor gobernante. Qué duda cabe que en las últimas elecciones presidenciales se eligió a un candidato que dejó al Perú en la ruina económica y que fue elegido como la opción contraria al socialismo chavista-antiimperialista que ha influido en algunos países latinoamericanos, y que por suerte en el Perú no ha dado resultado. En otros países definitivamente no le hubieran dado una segunda oportunidad a Alan García. En el Perú sí, porque olvidamos rápidamente las cosas que pasaron, porque preferimos alternativas tradicionales a nuevas disertando entre el “preferir lo malo conocido a lo bueno por conocer”. Y aunque esta vez ha aprovechado esta segunda oportunidad para hacer las cosas bien (creo que no las ha hecho mal), esta solvencia económica que se está viviendo es una consecuencia lógica de la estabilidad económica que dejó el gobierno anterior y que, lejos de ser “toledista”, hay que reconocer que ese gobierno sentó las bases económicas actuales del Perú.

Haciendo una nueva reflexión de las pasadas elecciones municipales, un candidato con ideas sumamente claras e interesantes le dio mucha fluidez y expectativa a la campaña; sin embargo ni siquiera fue uno de los favoritos, a pesar de presentar un plan novedoso y adecuado a las necesidades de una ciudad en continuo crecimiento, e incluso, creo yo, el mejor formado. Me parece que con más tiempo para preparar en su campaña, además de haber adoptado un discurso “más ameno” le hubiera ido mejor.

Y ahora que saldrá elegida alcaldesa una candidata que no ha hecho las cosas mal, que parece tener la actitud de hacerlas bien, no puedo dejar de opinar lo que le he escuchado, tanto en declaraciones como en debates televisivos, y es que ha sido un poco floja en sus ideas y sobretodo en la forma de manifestarlas. Esto no quita que deje de ser inteligente, especialmente para aprovechar la oportunidad coyuntural y mediática, y ganar los votos del candidato tachado.

De cara a la próxima campaña presidencial, está claro que existen candidatos y candidatas de fuerza que tienen asumida una posición importante en las encuestas. Al margen del análisis de las ideas de cada candidato en particular, una forma de poder elegir bien es dejar de escuchar esos discursos demagógicos, tradicionales y evidentes, y que no expresan en muchas ocasiones los verdaderos problemas sociales que tiene el Perú. Y eso lo podemos lograr exigiendo a los candidatos y candidatas ideas claras, concretas, contundentes, que reflejen una solución viable a los problemas sociales.

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