Tarea de un presidente

Por: Dr. Hugo Calienes Bedoya
Rector de la USAT

A pocos días de la elección de Presidente de la República del Perú y después de escuchar las propuestas de ambos candidatos, surge espontánea la pregunta, para cualquiera que salga elegido, ¿podrá hacer realidad tanto ofrecimiento? ¿Qué impide que un presidente cumpla con lo prometido?, o dicho de otra manera, ¿Cuáles son sus condicionamientos? Una cosa es querer y otra poder. Hay muchos mecanismos creados para garantizar el buen uso de los dineros. Mecanismos con fin bueno pero, penosamente, con un índice alto de aplicación mala, bien porque “hecha la ley hecha la trampa” o bien, porque enredan tanto que para gastar un sol hay que invertir diez soles en tiempo y papeleo burocrático. Las acusaciones que sufre el actual gobierno por utilizar otros caminos para saltarse estos escollos es un buen ejemplo de mis comentarios.  

El control en instituciones públicas (“casas sin dueño”) esta diseñado teniendo como marco teórico el refrán, “piensa mal y acertarás”. Por eso es enmarañado y para el que quiere hacer una gestión pública limpia, o para el timorato que  no desea ser mal acusado por sus opositores y terminar con problemas en el poder judicial, la tentación más próxima es no gastar nada. Nos basta con ver la ineficiencia de instituciones y de muchos gobiernos regionales que devuelven dinero a las arcas del Estado, habiendo necesidades  urgentes en su campo de competencia.

Invertir, gastar, como en cualquier empresa, es correr riesgos. El presidente debe tener el suficiente coraje para asumirlos e igualmente el equipo de gente con quien los llevará a cabo la necesaria solvencia moral como para secundarlo y  salir limpio del reto. 

Contar con gente dispuesta a trabajar por el país dejando de lado intereses personales es quizá  la tarea más importante y ardua de un mandatario. Se cuentan por cientos a las personas a quienes se les asigna tradicionalmente  puestos de confianza. De ellas depende la satisfacción o la frustración de los ciudadanos (votante a favor o en contra) y en definitiva el éxito de su  gobierno.

Formar  en valores operativos, no es gestión de segunda categoría en un presidente; junto con la cuidadosa selección de sus cuadros debe ir el correspondiente equipamiento en la virtud aristotélica. Los hombres prudentes, justos, fuertes y templados no se improvisan. Se ha de exigir a los que integren el entorno más próximo al mandatario exhibir ejemplaridad a “prueba de balas”. 

Leyes drásticas para el corrupto es una medida necesaria pero sumamente incompleta, es preciso un trabajo positivo e ininterrumpido de formación que incluya todos los niveles: familia, colegio, universidad y centros de trabajo. ¿Se trata de una cruzada pública?,  ¿Acaso la prohibición de fumar no está dando resultados?  Ojala el nuevo presidente se plantee no solo una política de inclusión social desde la perspectiva económica y piense en  una política moral global (bien pensar, bien actuar) que ayude a los peruanos a ser mejores personas. Es un buen modo de ir simplificando la burocracia administrativa.

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