Respeto a los demás

Por: Doris Moscol Mogollón
Profesora adscrita al Dpto. de Humanidades

Iniciado el período electoral, hemos podido observar por los diferentes medios de comunicación el desencadenamiento gradual de ataques, infamias, actos violentos no solo verbales, sino hasta físicos. Se está perdiendo el respeto al otro, el respeto a la opinión ajena.

Es preocupante esta situación por el final trágico al que se puede llegar. Parece que nuestra sociedad peruana estuviera retrocediendo a las épocas primitivas en las que sobrevivía el más fuerte. Me temo que se esté perdiendo la estabilidad social, característica propia de una sociedad civilizada. Como afirma  Aldous Huxley: “No hay civilización sin estabilidad social. No hay estabilidad social sin estabilidad emocional”.

La falta de estabilidad emocional está llevando a la violencia a los correligionarios o simpatizantes de los partidos políticos en contienda electoral. Esa falta de control de las emociones denota  falta de formación humana para poder afrontar con fortaleza  situaciones difíciles.

Se evidencia, pues, la falta de valores en nuestra sociedad peruana. Esos valores que todos aceptamos y repetimos en extensos discursos, pero en la realidad no los aplicamos en cada una de las circunstancias de nuestra vida y, más aún, en momentos difíciles, como son las próximas elecciones presidenciales.

Uno de esos valores tan ansiados por nuestra sociedad es el respeto. El respeto al  otro, a su opinión. Se puede no estar de acuerdo con el otro, incluso intentar convencerlo a cambiar de posición, pero sin atacarlo, menospreciarlo ni golpearlo. Esa es una postura de gente civilizada que ha aprendido a convivir con otros en una convivencia basada en el respeto mutuo.

Incluso se ha evidenciado la ausencia de este tan ansiado valor: el respeto en personas laureadas y de prestigio internacional. Es el caso sorprendente del flamante Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien ha injuriado al Cardenal  Juan Luis Cipriani con mentiras y calumnias. Sí, son calumnias, porque no demuestra con hechos las falsas acusaciones contra nuestra principal autoridad eclesiástica peruana, cuyo único interés es difundir el amor a Cristo y defender la dignidad humana, desde su concepción, misión propia de su estado como Cardenal y como católico. Sin embargo, el famoso escritor que debe ser ejemplo para las nuevas generaciones del cultivo de los valores como: la veracidad, la justicia, el respeto reniega de ellos con su actitud denigrante. Me pregunto: ¿cómo enseñará estos valores a sus nietas, sus futuras generaciones? ¿Con ficciones? Los valores, entre ellos  el respeto, se aprenden no con ficciones ni teorías, sino principalmente con el ejemplo.

Con esto no ataco la pluma del escritor, sino su falta de valores en ese caso concreto, difundido por los  medios de comunicación. El Perú es un país eminentemente católico. Por ello, los católicos debemos amar, respetar y defender a nuestras autoridades eclesiásticas y todo lo relacionado con nuestra Santa Madre la Iglesia. Es más, gracias a nuestro Cardenal, aprendemos  a asumir con amor los mandatos de Cristo y a luchar por aplicarlos en nuestra vida cotidiana, y con ello todo lo bueno que se consigue: el amor, la paz, la unión de las  familias  peruanas.

Rescatemos, pues, ese valor, como es el respeto a los demás en nuestra sociedad peruana. Emulemos a nuestros laureados historiadores del pasado, Jorge Basadre y Raúl Porras Barrenechea, que, a pesar de sus discrepancias, eran muy amigos y reinaba entre ellos el respeto mutuo. Aprendamos de nuestros célebres historiadores que no solo sobresalieron por su sabiduría, sino también por su calidad humana.

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