No maten al mensajero
El sábado 8 de agosto Londres, la capital de Inglaterra se vio sacudida por una serie de protestas bastante violentas, que se iniciaron con la muerte de un joven de 29 años. Primero hubo solo unos chicos que protestaron frente a la comisaría, pero en unas horas se transformaron en disturbios y se extendieron por otros puntos de la ciudad; pronto se perdió el control, llegando a cometerse varios actos vandálicos, como no se veían en mucho tiempo.
Estos actos condenables, que además tuvieron como característica la participación de muchos jóvenes (entre los arrestados hubo varios menores de edad), pronto tuvieron un culpable o mejor dicho, un chivo expiatorio: el sistema de mensajería del Blackberry, más conocido por su denominación Blackberry Messenger.
En efecto, las primeras investigaciones de la policía descubrieron que la mayoría de las coordinaciones para las protestas, se habían hecho a través de los Blackberrys de los jóvenes que participaron en los disturbios. El Primer Ministro británico David Cameron, enseguida salió a declarar que estaban estudiando junto con la Policía, los Servicios de Inteligencia y las empresas de internet, la posibilidad de intervenir los instrumentos que emplean quienes participan en estos actos vandálicos y si era necesario cancelarlos temporalmente.
Claro, si vemos todos los saqueos, las casas destruidas y el desorden que quedó en Londres luego de los disturbios, muchos se sentirían tentados de darle la razón a Cameron, pero con eso solo volveríamos a cometer el conocido error de: “Matar al Mensajero” (aunque aquí sería más propio decir, “Matar al Messenger”), que consiste en acciones de tipo efectista, que generan mucha cobertura en los medios, pero que son cada menos efectivas, en los tiempos actuales.
Matar al mensajero, no evitará que sigan produciendo o difundiendo malas noticias, y en este caso no sirven más que para ocultar la responsabilidad que han tenido el gobierno y los políticos para prevenir casos como este, especialmente cuando ha habido muchos antecedentes: la mayoría recuerda las protestas de Egipto, Túnez, Lbia y Siria, de hace unos meses, pero en realidad, toda esta forma de organizarse en redes, se evidenció ya comienzos del siglo XXI en Manila, Filipinas cuando las llamadas “ciberturbas” (bautizadas así por el economista Juan Urrutia), pidieron la dimisión del presidente Estrada; o cuando en marzo del 2004 en España, gran cantidad de personas salió a protestar por el atentado en la estación de Atocha cambiando los resultados de las elecciones del día siguiente y por supuesto los saqueos que asolaron las zonas marginales de París en el 2005, con la policía impotente por contenerlos.
Pero además al decir cosas como esta, están demostrando su ignorancia por el tema, ya que están analizando realidades del siglo XXI, con mentalidad del siglo XX. Las redes sociales realmente han cambiado la forma de hacer las cosas, y mientras las autoridades no las entiendan estarán en un serio problema.
REDES DISTRUIDAS
Como lo dice David de Ugarte en su excelente libro online “El Poder de las Redes”, hemos pasado de la era de las redes centralizadas del siglo XIX a las redes distribuidas de nuestro siglo y eso ha cambiado la realidad de nuestro mundo para siempre.
Hasta fines del siglo pasado las redes de comunicación que formaba la gente eran centralizadas o descentralizadas, donde había un nodo único o unos pocos nodos que centraban y distribuían la información, y el resto simplemente las recibía.
En las redes descentralizadas los nodos son múltiples, prácticamente cualquiera puede convertirse en un nodo que emite y recibe información, en cualquier parte de la red. Además las respuestas a sus demandas son inmediatas, como dice el especialista Marco Sifuentes en su blog Perú 2.1 “estas tecnologías, por cierto, se caracterizan por la satisfacción inmediatas de sus demandas. Una línea de chat, un mensaje de texto, un tuit pueden ser -y son- contestados de inmediato. En cambio, las demandas sociales o políticas, no”.
La declaración del Primer Ministro Cameron, sataniza a las redes y aleja más aún a la gente que todavía tiene temor de ellas, cuando en realidad no son malas per se, todo depende de las intenciones con que se usan. Además en estos tiempos, de nada sirve cerrar una red, porque cada vez que lo hagan aparecerán otras que tomarían su lugar.
Todo hubiera sido muy diferente si Cameron hubiera empezado primero reconociendo la gran ayuda que fueron Facebook y Twitter para el llamado y organización de los voluntarios que se encargaron de limpiar la ciudad al día siguiente de las protestas, la otra parte de la historia que muy pocos saben. En efecto en los días posteriores a los disturbios muchos voluntarios se pusieron de acuerdo gracias al Facebook y Twitter para coger escobas, trapeadores, recogedores y otros instrumentos de limpieza, y remover todo el desastre que habían dejado los vándalos. Cameron reconoció este hecho, pero al final, de manera breve y obviamente no tuvo la misma cobertura de sus primeras declaraciones.
No hay pues que matar al mensajero, eso sólo puede agravar los problemas; en cambio hay que conocer y entender las nuevas tecnologías, tener presente las demandas sociales y sobre todo anticiparse a los estallidos, que siempre serán una posibilidad si no se resuelven los problemas de fondo.
* Milton Calopiña.
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