Los repelentes contra los mosquitos: cómo funcionan
Estamos en un período cálido en que el cambio climático se acentúa, se tienen débiles políticas públicas en salud, los presupuestos regionales son restringidos, y la falta de una educación ambiental y ordenamiento territorial, condicionan el desarrollo de enfermedades dentro de las que destacan las mediadas por los insectos, como los “mosquitos” (“zancudos”)
Para evitar la molestosa picazón en los humanos por picadura de insectos, así como la transmisión de enfermedades por protozoarios (malaria) y virus, se elaboran repelentes, que no matan al insecto sino que lo mantienen alejado de la zona donde se ha aplicado el repelente. Generalmente aseguran una protección de 4 horas, y en el mercado hay distintos repelentes: lociones, bolilla, leches, parches de gel, vaporizadores, etc.; formulados con un solo principio activo o combinación de varios a la vez. La aplicación de estos productos sin recomendación médica, así como el uso de productos caseros, puede producir reacciones adversas.
Las investigaciones sobre etología (comportamiento animal) han argumentado históricamente que la mayoría de los insectos poseen una respuesta programada a una variedad de situaciones, como saber qué olores señalan la presencia del alimento o el sexo opuesto. Pero los estudios han demostrado que en la lucha entre la humanidad y los insectos, la modificación del sentido del olfato de éstos podría ser la clave para lograr el repelente ideal de insectos; pues sin sentido del olfato, los mosquitos sedientos de sangre serían incapaces del percibir el olor de los seres humanos.
Vosshally y su equipo de investigación en el 2009, identificaron proteínas–receptores ionotrópicas (RIs)– en un grupo de neuronas situadas en las antenas de las moscas de la fruta. También se conocen las células que expresan los genes de los receptores odoríferos, cómo están mapeadas en el cerebro, y qué olores huelen los receptores odoríferos; esto es porque hay neuronas olfativas en la antena de la mosca que responden a los olores, pero no se tenía idea de cómo lo hacen. Para ese entonces no sabían, como las neuronas olfativas de la mosca detectaban los odorantes. El equipo ha identificado el gen Or83b, responsable esencial del olfato en las moscas de la fruta. El mecanismo de detección del olor es como sigue: en los pelos de las antenas, el olor atraviesa pequeños poros, que interactúan con las neuronas para detectar el origen de aromas penetrantes. Pero cuando el gen es inactivado, da como resultado moscas mutantes incapaces de reconocer una gran variedad de olores.
Zwiebel y un equipo de investigadores (Universidad de Vanderbilt), en mayo de 20091, descubrió de forma accidental una nueva clase de repelente de insectos que resulta ser miles de veces más eficaz que la mayoría de los productos actuales. En los insectos los receptores de olor (RO) no actúan de forma autónoma, sino que forman un complejo con un co-receptor único, llamado coRO que también es necesario para la detección de las moléculas olorosas. Los ROs están dispersos sobre la superficie de las antenas y cada uno responde a un olor diferente; sin embargo, para funcionar, cada RO debe estar conectado a un coRO específico.
El proceso para detectar el olor, según Zwiebel es: Cada RO es como un micrófono que puede detectar una única frecuencia. En sus antenas, el mosquito cuenta con decenas de estos “micrófonos” afinados para detectar una frecuencia (olor) específica; y cuando el mosquito percibe un olor, el micrófono afinado con ese olor enciende su coRO; los otros micrófonos siguen apagados. Pero al estimular todos los coROs se puede encender a todos de una vez y esto sobrecarga el sentido de olfato del mosquito, reduciendo su capacidad para encontrar el olor específico de la sangre.
Así pues, los repelentes por su naturaleza, son sustancias que interfieren en el comportamiento del mosquito; ofrecen protección contra las picaduras, al interferir con sus receptores químicos impidiendo que fijen la localización exacta del lugar donde van a posarse para realizar la picadura. La condición de estas sustancias es de ser neutral para la humanidad y apenas toxico para la mayoría de los insectos benéficos. La toxicidad de los repelentes a corto plazo es baja, aunque los riesgos a largo plazo no están suficientemente definidos en muchos de ellos.
En la interacción de la humanidad y los mosquitos, la modificación del sentido del olfato de éstos podría ser la clave para lograr el repelente “perfecto” de insectos.
1Patrick L. Jones, Gregory M. Pask, David C. Rinker, and Laurence J. Zwiebel. 2011. Functional agonism of insect odorant receptor ion channels PNAS. 10.1073
* Mgtr. Adela Chambergo Llontop
Departamento de Ciencias de la Salud
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