Lo Políticamente Correcto: Un Modo “Light” De Actuar

Rector UsatPor: Dr. Hugo Calienes Bedoya
Rector USAT

A nivel internacional se ha puesto de moda actuar de manera políticamente correcta. También se utiliza esta expresión como frase mágica que justifica las indefiniciones. ¿Qué encierra este “caballo de Troya”? A simple vista, parece que es la forma adecuada de manifestar tolerancia en momentos en los que, prudencialmente, no conviene dejar clara una postura, para no dar la impresión de integrismo, fanatismo y muchos otros “ismos”, ni de herir susceptibilidades, sobre todo si se trata de un político o de personas que deben salvaguardar la imagen.

Las personas siempre estamos inventando modos de hacer, y de decir, que escondan la verdad de las cosas porque nos asusta su realidad. Algunas de estas expresiones son muy acertadas y pegan como si se trataran de “spots publicitarios”, otras no tienen vigencia y mueren al nacer. Podría citar muchos ejemplos pero solo utilizaré un par. Hace años cuando alguien era un tanto apocado se le decía, “esta acomplejado”, hoy se le dice “tiene baja la autoestima”. Al dictador Juan Velasco Alvarado, en una actitud que ahora llamaríamos “políticamente correcta”, se le ocurrió cambiarle de nombre a las barriadas por el de “pueblos jóvenes”. El contenido sigue siendo el mismo y, tanto en un caso como en otro, los protagonistas pueden sentirse igualmente afectados en lo personal, o en lo social. Pero hay un adelanto: el eufemismo de hacer, o decir, lo políticamente correcto.

Si solo se tratara de un mero nominalismo para hacer más amable la socialización podría justificarse, pero las cosas son muy distintas: se pretende vivir de espaldas a la verdad y no salir en su defensa, porque puede resultar comprometedora. El relativismo de vidas sin norte ha encontrado en lo políticamente correcto el mejor modo de tolerarse a sí mismo y no ser víctimas de autocensuras con las consiguientes rectificaciones.

Sin ir muy lejos en el tiempo, a los que hacían regla de su vida lo políticamente correcto, se les calificaba con el refrán castellano de. “arrimarse al sol que más calienta”, como gentes del “doble discurso” o, sencilla y duramente, de hipócritas. Cambian los modos de decir pero la sustancia es la misma.

¿Qué sucede en una sociedad cuando prima lo políticamente correcto? Como la sociedad esta compuesta de personas singulares reunidas en núcleos familiares, profesionales y sociales de diversa índole, la verdad como valor supremo que todos, de una manera u otra, aspiran alcanzar, conjuntamente con la sinceridad, virtud personal que garantiza la rectitud en las relaciones interpersonales, se convierten en mercancía no cotizable, de segunda, y se empieza a vivir de las formas, de la apariencia.

Defender los principios, llamar al “pan, pan y al vino, vino”, desenmascarar las trampas, los ardides, gustar del agua clara, del aire puro, tienen que ser el modo ordinario de ir por la vida. Hace más de veinte siglos se nos dijo categóricamente, “la verdad os hará libres”. El relativismo es una atractiva forma de esclavitud, pero no deja de ser simple y llanamente esclavitud.

La tolerancia frecuentemente invocada por los que tildan de fanáticos a los sensatos, ha perdido su original sentido y se ha transformado en un “cajón de sastre” en el que cabe todo con una única salvedad: dejar que cada uno haga lo que quiera. Los políticos que deben ganar el favor de multitudes para no perder votos siguen el juego y van diciendo lo que es políticamente correcto. ¿Quiénes defienden la vida con todas sus consecuencias?, ¿Quiénes a la familia?, ¿Quiénes la no manipulación de células madres embrionarias?, ¿Quiénes proponen una adecuada educación de la afectividad?. La lista es inmensa y lamentablemente muy ausente en los responsables de la cosa pública. Los principios son irrenunciables

Vivir de espaldas a la verdad es ir contra uno mismo: ¿quién soy?, ¿qué sentido tiene mi vida?, ¿que hay después de la vida? Son preguntas que el ser humano se planteó desde los albores de la humanidad porque comprendían que de su respuesta dependía su auténtica felicidad. “Ningún hombre puede eludir las preguntas fundamentales: ¿que debo hacer?,¿como puedo discernir el bien del mal?

En medicina, concretamente en psiquiatría, el “insight” (tener conciencia de enfermedad) es el cincuenta por ciento del tratamiento. En una sociedad donde lo políticamente correcto tiene cada día más vigencia es preciso alertar para que se tome conciencia de su gravedad y que, operativamente, se aspire a la integridad de conducta.

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