Las nuevas tecnologías y el estrés
Por: Dr. Hugo Calienes Bedoya
Rector USAT
José Martínez Selva, catedrático de psicobiología en la universidad de Murcia, España, acaba de publicar el libro, “Tecnoestrés: ansiedad y adaptación a las nuevas tecnologías en la era digital” [1], en el que analiza una situación que está a ojos vista de todos pero los que la sufren la sobrellevan con tímido buen humor, que en cierto sentido es mejor, para quitarle “hierro” a lo que podría ser motivo de desaliento y hasta de complejo de inferioridad y que viene afectando la salud mental de muchos miles de personas: una de cada tres personas sufre de estrés laboral por causa de las nuevas tecnologías.
En sencillo podemos afirmar que la galopante modernidad tecnológica ha cogido desguarnecidos mayoritariamente a todos los nacidos antes de los años ochenta. Nos dice: “Por dar datos que reafirmen un poco esto, el 65 por ciento de la población confiesa que tiene problemas de cuando en cuando con sus instrumentos de trabajo tecnológicos, y un 35 por ciento reconoce haber sufrido estrés laboral, como cuando todo el trabajo hecho durante un tiempo desaparece de repente de su disco”. Explica que trabajadores que “han desempeñado actividades profesionales competentes y, de repente, la llegada de las nuevas tecnologías les ha supuesto reaprender una nueva forma de trabajar y acostumbrarse a cambios muy rápidos en las aplicaciones y en los sistemas informáticos”.
El “tecno-estrés”, como todo trastorno afectivo, lleva al que lo padece a la búsqueda del antídoto para superarlo y que generalmente éste solo ofrece dos alternativas: la de la reingeniería mental (superar con optimismo y con la ayuda de expertos informáticos el vacío) o la del “evitamiento” que se transforma en “tecno-fobia” e incluye también a los celulares (rechazo “razonado” al nuevo aprendizaje y la reafirmación en continuar con el lápiz y el papel).
Es cierto que el exceso de información sin mas puede, en muchos casos, dificultar la concentración en el trabajo con el añadido de llevar trabajo a casa, porque se sigue conectado a la computadora, y el agravante de estar disponible las 24 horas gracias a la telefonía móvil. Lo positivo es que ya viene siendo frecuente que bastantes empresas, por el rubro al que se dedican, no requieran la presencia física permanente de sus trabajadores y, en cambio, les exijan resultados; esta manera supone ahorros de tiempo y del estrés que generan el tráfico y los largos desplazamientos, en beneficio del rendimiento intelectual y la vida familiar.
El estudio analiza a la vez el ámbito opuesto a los tecno-estresados y tecno-fobos, donde se encuentran los tecno-dependientes y tecno-adictos, generalmente personas nacidas a partir de 1980 que manejan las computadoras con mucha facilidad y que mantienen gran parte de sus relaciones en las redes sociales. Su situación es peculiar, es “una persona que se ve obligada, ya sea por su trabajo o por sus relaciones sociales, a estar continuamente conectada”, y que lo “pasa mal cuando permanece horas o días sin teléfono celular o sin conexión a Internet”, llegando a “estar irritable y a tener síntomas depresivos”.
Más preocupante es el caso de los “tecno-adictos” patológicos, generalmente aficionados a los videojuegos en línea que pueden pasar horas y días enteros dedicados a ellos, creando graves problemas en sus relaciones sociales y familiares, así como en su vida laboral y que “requieren tratamiento psicológico y atención especializada”.
Negar la importancia que tienen las nuevas tecnologías en el mundo actual y el beneficio que suponen, en todos los campos, para la sociedad en general y para la persona singular, sería un absurdo. Adaptarse a la nueva era no es cuestión de inteligencia sino de actitud. El principio que nunca debe estar ausente es el de valorar las TIC en su condición de “instrumento” cuando las convertimos en fines se malogra la vida buena. Termino apelando a la necesidad del comportamiento virtuoso que es “punto medio” (no mediocridad, cumbre) entre el exceso y el defecto.
[1] Martínez Selva, J.M., “Tecnoestrés: ansiedad y adaptación a las nuevas tecnologías en la era digital”, PAIDOSIBERICA, 1ra edición, 2011, Barcelona-España.
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