La verdadera Universidad y el valor de las Humanidades

Por: Rebeca Karina Aparicio Aldana
Profesora adscrita al Dpto. de Ciencias Jurídicas

 

El 29 de marzo del 2010 el Rectorado de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo aprobó el Currículo de la Carrera de Derecho de la USAT, documento que plasma la intención educativa de la Facultad de Derecho.

Una de las novedades de este diseño curricular es la importancia que otorga al estudio de las humanidades o cursos de formación general, es por esto que me detendré en la visión de universidad y el significado de la formación humanística que la Facultad de Derecho ha tenido en cuenta como fundamento para la elaboración de este instrumento académico.

La universidad nace como institución libre, que se dirige así misma y se autogestiona. El fin que orienta su existencia es el deseo de ampliar los conocimientos y el deber de buscar la verdad.

La universidad se ha configurado como un lugar abierto al diálogo, a las relaciones mutuas, al intercambio de ideas y a la libre circulación de personas; y estos rasgos la han convertido en un instrumento indispensable del saber (1).

LUIS ALBERTO SÁNCHEZ señalaba que “la universidad es por excelencia el más definido ente per se (…) creado por el hombre. Si de algún desarrollo tiene que ocuparse la Universidad será primero, del desarrollo del hombre, y segundo, del desarrollo del hombre en sociedad. Lo demás profesión, técnica, producción social le viene por añadidura, como coronación del edificio; por consiguiente ante todo hay que levantar el edificio” (2).

La universidad tiene como función primaria, investigar, haciendo de la ciencia, cultura que sirva para el perfeccionamiento del hombre, considerando la cultura no como el mero acopio de datos sino como el conjunto de ideas y actitudes, que respecto al mundo y al hombre, posee cada persona y cada sociedad (3). La cultura – afirma JUAN PABLO II – es aquella a través de la cual “el hombre en cuanto hombre se hace más hombre” (4)

No es por tanto la universidad fábrica de profesionales y técnicos, sí es en cambio fragua de los profesionales dirigentes que la sociedad precisa: intelectuales con ciencia, cultura y criterio, poseedores de un sólido repertorio de convicciones correctas y operativas. Y con afán de servir.

Compete por lo tanto a la universidad, el desarrollo y transmisión de la ciencia y la cultura – del saber- al más alto nivel. Su finalidad es servir y su tarea es investigar y brindar una específica formación profesional. Tiene a la verdad como meta y motor y a la razón como su instrumento. Sólo funciona en un ambiente de auténtica libertad. Está abierta a los que tienen condiciones de trabajo intelectual y de aplicación práctica (5).

Son tres los elementos propios de una universidad: investigación para el aumento del saber; estudio, para que ese saber sea adquirido por los individuos; descubrimiento y transmisión de valores. La universidad, por lo tanto, no se limita a dar clases, ni desarrollar exclusivamente una investigación aplicada: estos elementos están comprendidos en un objeto de orden superior: la educación integral de hombres y mujeres que es en definitiva, lo que confiere el carácter de “verdaderas universidades” (6).

Corresponde a la universidad aportar el saber superior, saber superior que se caracteriza porque, por una parte, es aquello a lo que se ha llegado en la larga y fecundísima acumulación del saber lograda a lo largo de la historia, saber inexorablemente abierto al futuro, debiendo ser incrementado desde su cima. En cuanto saber entra en la corriente social, hace funcionar o puede ser un factor para que la sociedad funcione. Consecuentemente primero hay que incrementar el saber y luego extenderlo ( 7).

El saber superior es la adquisición de conocimientos en la situación más alta que la humanidad ha adquirido en un momento histórico. Este saber superior se comunica y se publica, entrando de esta manera a una res publica universal. El saber es la res común de quienes lo cultivan no de los otros. No de una universidad sino de todas.

Entendida así la universidad se debe situar en primer término la importancia del cultivo de las Humanidades entendidas estas como un conjunto de saberes y estudios relativos al hombre como ser intelectual y creador. Las Humanidades apelan a lo más grande del ser humano: su capacidad de crear, de pensar y de amar. Las humanidades adiestran la inteligencia, disciplinan la voluntad, inspiran el amor al bien y a la belleza, educan la sensibilidad, sustentan el respeto por los demás y por uno mismo, facilitan la vida interior y la unicidad. Las humanidades buscan ser más; no tener más.

Las humanidades otorgan (…) capacidad de dialogo, de reflexión en conjunto, de aprender de los demás. Aquel que no sabe debatir que no sabe escuchar, que no sabe aprender algo nuevo de los demás, no es universitario (…) el quehacer universitario diario es el dialogo, comprensión mutua, discusión profunda, intercambio de pareceres, unidad en diversidad (8).

La universidad que hemos heredado ha perdido su unidad, precisamente porque construir una cultura, hacer al hombre justo no se considera rentable, ni tampoco un impulso efectivo para la sociedad, por lo que el rendimiento de saberes universitarios es parcial (9) sólo se atiende a lo profesional y técnico, no a las ciencias del espíritu.

La misión actual de la universidad es recuperar su unidad y para esto es preciso que las humanidades muestren su rendimiento social, en tanto que la sociedad moderna ha fracasado en el rendimiento de un mundo más humano.

He allí la importancia de la enseñanza de temas de humanidades, el estudiante universitario debe ser formado con un sello peculiar en su formación universitaria, esto es la formación universalista que se remonta de los saberes particulares a un saber superior, capaz de ayudar a optar por el bien y la verdad. Es no contentarse con el conocimiento de una o varias ciencias y por el contrario optar por remontarse hacia la frontera de la sabiduría, esto es el conocimiento de los seres a la luz de los primeros principios y de sus últimas causas. Ello se logra a través del estudio de la filosofía, teología, de la ética, la historia, la literatura y las artes liberales (10).

La formación humanística debe estar presente en todas las facultades de la Universidad como áreas debidamente estructuradas presentes a lo largo de toda su carrera siendo la base de sus estudios pre – grado, es por esto que el Currículo de la Facultad de Derecho de la USAT cuenta con asignaturas de formación humanística que proporcionarán al estudiante de derecho la posibilidad de no ser “abogados” sino “juristas” con los conocimientos y formación necesaria para poder decidir adecuadamente lo justo dado que mirarán al hombre desde su complejidad y no sólo atenderán a aquellos aspectos contenidos en las normas o leyes. Esta visión del hombre ampliará su ámbito de discernimiento y por lo tanto les brindará las herramientas para determinar lo justo y equitativo.

(1) MABRES, A y FARRI, U, Investigación y autonomía universitaria, Colección Algarrobo N° 32, Universidad de Piura, 1989, p. 31.
(2)SANCHEZ, L.A, “Otra vez la universidad”, Diario “La Prensa”, de fecha 29 de marzo de 1981.
(3)MORALES, V: “La universidad: su razón de ser”, Revista Mercurio Peruano, N° 517, Año 2004, 53.
(4)JUAN PABLO II: “El mundo de la cultura”, Discurso en la Asamblea de la UNESCO , 02 de junio de 1980.
(5) Op. Cit. p. MORALES, V, “La universidad…”, Op. Cit. p. 56.
(6)Op. Cit. MABRES, A, La investigación… Op. Cit. , p. 37.
(7)Vid. POLO, L, “El profesor universitario”, Conferencia dictada por el doctor Leonardo Polo en agosto de 1994 al Claustro de Profesores de la Universidad de Piura.
(8)Vid. SESÉ, J.M, Las humanidades en la universidad del tercer milenio, Colección el Algarrobo N° 14, Editorial Universidad de Piura, 2002, p 15 – 31.
(9) POLO, L: “La institución universitaria”, Conferencia dictada en agosto de 1994 al Claustro de Profesores de la Universidad de Piura.
(10) ARISMENDI, O, La formación humanística como elemento constitutivo de toda verdadera formación universitaria: un caso colombiano, editorial Universidad de Sabana, Santa Fe de Bogotá, 1992, p. 16.

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