La Patria naciente

Por: Jorge Luis Vallejo
Profesor adscrito al Dpto. de Ciencias Jurídicas USAT

Decía el historiador británico Sir John Seeley: “Los políticos son vulgares cuando no se proyectan en la historia, y la historia se desvanece en la mera literatura cuando pierde su conexión con la política práctica”. Analicemos a la luz de la historia los sucesos de hace 190 años.

Tenemos en escena al general Don José de San Martín en el acto de proclama y jura de la Independencia Nacional ¿qué otros personajes encontramos en aquellos días?  

Previamente el día 15 de julio se había firmado el Acta de Independencia en el Cabildo de Lima, allí aparecen varios chapetones de rancio abolengo, así tenemos al Conde de San Isidro, al Conde de la Vega del Ren, al Conde de las Lagunas, el Marqués de Villafuerte, el Marqués de Casa Dávila, el Conde de Torreblanca, el Conde de Vistaflorida, el Conde de San Juan de Lurigancho, el Marqués de Corpa, entre otros muchos más vecinos notables.

Cierto es que muchos de ellos se movieron al bando patriota más influenciados por la fuerza de la coyuntura y no tal vez por una plena convicción independentista, y es que eran tiempos difíciles para definiciones de identidad ¿romper con España y el Rey para aventurarse a la libertad? ¿Qué tipo de libertad?

Don Ricardo Palma, en una de sus célebres Tradiciones Peruanas intitulada “Cosas tiene el Rey cristiano que parecen de pagano”, nos presenta al señor Conde de la Vega del Ren, Don José Matías Pascual Vásquez de Acuña Menacho y Ribera,  quien cuando era criticado por alguno de sus compañeros aristócratas, por estar él a favor de la Independencia, sentenciaba:

“¡Hombre! Tan malos son los chapetones en el gobierno como los mozos que han venido y la chamuchina que vendrá después. No he hecho más que variar de guiso, que ya el otro de puro viejo no lo podía digerir. Estoy por potaje nuevo, aunque se me vuelva ponzoña entre las tripas. Por lo demás, conde nací, conde me quedo: conque ni gano ni pierdo”.

Queda la pregunta abierta a los lectores ¿Le falló la predicción al señor Conde de la Vega de Ren?

Veamos ahora lo que pasó con un par de personajes cercanos a la Independencia y cuyo destino inmediato nos habla de aquellos años convulsionados.                          Don José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, patriota y Marqués de Montealegre de Aulestia, tras el Motín de Balconcillo (el primer Golpe de Estado que vivimos luego de la Independencia) se convirtió en el Primer Presidente de la naciente República Peruana el año de 1823. Riva Agüero fue luego desterrado, acusado de tener acercamiento a los realistas.

Nuestro segundo Presidente de la República, fue el Marqués de Torre Tagle, Don José Bernardo Felipe de Tagle y Portocarrero, quien ya había sido Intendente de Trujillo bajo el régimen colonial y se decidió por la Independencia de esta parte del virreinato (razón por la cual pasó a ser nombrado Marqués de Trujillo). Luego de pugnas con Simón Bolívar, trágico fue su final asilado en los castillos del Real Felipe en el Callao amparado nuevamente por la bandera española. Murió nuestro Presidente de peste junto a su esposa y uno de sus hijos, declarándose fiel súbdito del Rey de España el año de 1825.

Aquel 28 de julio de 1821, Lima celebró el acto de la proclama y jura de la Independencia, no obstante éste fue un acto simbólico, una declaratoria de intención de romper con el poder colonial español. Aún no éramos independientes en la práctica, las tropas realistas junto con el Virrey Don José de la Serna todavía estaban emplazadas en la sierra.

Será recién en la batalla de Junín el 06 de agosto de 1824 y luego en Ayacucho el 09 de diciembre del mismo año cuando se afianza el proceso independentista tras derrotar al grueso del ejército del Rey. Uno de los últimos realistas obstinados en mantener estos territorios de ultramar fue Don José Ramón Rodil y Campillo, quien no reconoció la derrota de Ayacucho, y después de estar acantonado en la fortaleza del Real Felipe tuvo que partir a España el año de 1826 con los pocos sobrevivientes que quedaban en las filas realistas (luego de estar sitiados por los patriotas, sufrir la peste y vivir comiendo, según las narraciones, caballos, mulas, perros y ratas). Al militar Rodil de regreso en España no le fue tan mal puesto que llegó a ser Presidente del Consejo de Ministros.

Así tenemos los sucesos vividos en un tiempo agitado entre realistas y patriotas, y la existencia en muchos casos de un claroscuro o línea borrosa entre ambas cuasi identidades.

Lambayeque “Generosa y Benemérita” pronunció su independencia el 27 de diciembre de 1820 y Chiclayo de igual manera lo hizo el 31 de diciembre de aquel año ¿nuestras actuales autoridades conocen ello? ¿Conmemoramos esos gritos libertarios anteriores al celebrado julio de 1821? En Chiclayo firmaron la independencia Don José Leonardo Ortiz, Don Francisco Remon, Don Santiago Burga, Don José Navarrete, Don Pedro José de las Muñecas, Don Cornelio Miranda, Don Antonio Chimpen, Don Tiburcio Monazare, Don Antonio Valdivia, Don Joaquín Farro, Don José María Diez, Don Felipe Torres, Don Valentín Castro, Don José Gabriel Andiner, Don Manuel Amo Salazar, todos ellos fueron declarados próceres de la Independencia Nacional por Ley Nº 16048 del Congreso Nacional el 05 de febrero del año de 1966.

¿Qué pasó con el naciente país? ¿Por qué primó la anarquía durante las primeras décadas de nuestra vida independiente? ¿Por qué aún nos sigue atrayendo la idea de un gobierno de “mano fuerte”? La población oscilaba entre el apoyo a uno u otro caudillo del momento, los cabecillas convocaban a las masas para amotinarse, cada General victorioso de la Independencia se sentía con derechos de gobernar a la nueva República y un paso clave para buscar legitimidad (luego de asestar el Golpe de Estado) era gestar una nueva Constitución Política, he allí la razón por la cual tenemos tantas Cartas Constitucionales. Es posible que en aquellos momentos de pactos efímeros podamos rastrear el germen del populismo y el clientelismo que hasta ahora nos acompañan.

La idea del ciudadano liberal con derechos pero a la vez sujeto a deberes, aún no llega a cuajar ¿qué hay que hacer para mejorar esa situación? Tal vez en primer lugar dejar de “endiosar” a las autoridades, dejar de pensar que son una “clase política” apartada del resto de mortales. Las autoridades, los políticos son parte del conjunto de la población, salen electos de entre nosotros, no hay un trono o altar especial.

Por otro lado tenemos la mala práctica del ensoberbecimiento al tomar posesión de algún puesto público, en detrimento de los intereses de la ciudadanía. Así cualquier autoridad se siente un reyezuelo, es aquí donde empieza el patrimonialismo, sentir que las arcas públicas son para uso personal y que los puestos de la administración son una “Gracia” del gobernante. Como simple ejemplo, es muy fácil a la vista ubicar retratos de tal o cual Presidente de la República en las dependencias públicas evocando una especie de ciega gratitud y la personalización de la política. En los discursos se mantiene la idea de “agradecer” la bondad de un Presidente de la República, de un Presidente Regional o de un Alcalde como si al cumplir con tal o cual obra estuviesen apiadándose de la masa ¿Es que acaso encarnan ellos una especie de nuevos monarcas? Algunos parece que lo interpretan así, acciones e ínfulas son delatoras.

No hay que vivir sólo en el corto plazo delegando todo el poder en un Presidente o un Alcalde. Los individuos en cargos públicos son transitorios, hay que apuntar a políticas de largo alcance que puedan ser continuadas por los mandatarios que sobrevengan. Más allá de cualquier personalismo debe estar una idea de país que sea plasmada ahora en políticas públicas viables ¿Tenemos esa idea de país o quizá sólo vivimos del discurso de una bonanza coyuntural? ¿Somos conscientes de hasta dónde queremos llegar como República o acaso queremos vivir convulsionados como en nuestro nacimiento a la Independencia?

Decía Jorge Basadre en Perú: problema y posibilidad sobre nuestro cambio de Virreinato a República:

“… ya no el Virrey sino el Presidente, ya no las Audiencias sino la Corte Suprema, ya no las Intendencias sino los Prefectos, ya no los Cabildos sino las Municipalidades… No eran exactamente idénticos en sus atribuciones los funcionarios mencionados; pero eran análogos. Lo que sí quedó con ese carácter idéntico fue la superioridad jerárquica de Lima, la predominante importancia de la costa. Además, como no había tradición de buena administración, el desorden se hizo más fácil en la República, al perderse el control que la metrópoli y sus directos mandantes representaban. Quedaron también el expedienteo voluminoso, la tramitación larga, la morosidad burocrática. Quedaron, por último, acentuándose, la empleomanía, la búsqueda de honores y sinecuras”.

¿El Perú va camino a superar esas viejas trabas? ¿Los actuales aspirantes a ser autoridades tienen claro el horizonte o sólo buscan los “honores y sinecuras”?

Finalmente ¿cada uno de nosotros tiene un rumbo definido hacia nuestro Bicentenario Nacional?

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