Invasión de lo Foráneo

DMoscolPor: Doris Moscol Mogollón
Profesora adscrita al Departamento de Humanidades

En las últimas décadas, se ha notado un incremento del uso de vocablos propios del inglés. Si bien es cierto, el poderío político, económico y cultural va muy unido al poderío lingüístico. Pues el desarrollo científico y tecnológico nos llega en inglés, de ahí su consideración como una lengua internacional. El desarrollo tecnológico, pues, transcurre a pasos agigantados, que muchas veces no se tiene a la par la traducción castellana de los nuevos vocablos en lengua extranjera.

Por eso, se emplean palabras de origen inglés, como hardware, software y muchos más. Incluso, la Academia de la Lengua ya los incluye en su diccionario. En cierta forma, se justifica el préstamo de voces inglesas para designar, especialmente, vocablos referidos a los avances científicos y tecnológicos.

Sin embargo, el ciudadano de habla hispana está incorporando innecesariamente voces inglesas a su discurso (anglicismos léxicos) no para referirse a la ciencia o a la tecnología propiamente, sino para referirse a actividades cotidianas, que tienen su propia designación en castellano. Así, hall, tupper (tupper-ware), watchman, casting, poster y muchas más. Incluso, debido a su uso bastante generalizado, la Academia ha terminado por incorporar algunas de ellas al diccionario español, adaptándolas a la morfología castellana, como guachimán, casting, póster, y se van abandonando vocablos propios de nuestra lengua, como vestíbulo, vianda, guardián, selección, cartel.

Con esto, no pretendo desconocer la influencia de diversas lenguas, indoeuropeas y no indoeuropeas, que ha recibido la lengua castellana desde su creación, porque la lengua es un sistema vivo, dinámico, pero es necesario conservarlo, pues significa conservar el pasado, la tradición, su raigambre cultural. Como ocurre con uno de los vocablos castellanos, vestíbulo, sustituido por hall, de procedencia inglesa.

El vocablo vestíbulo, según el DRAE, proviene del lat. vestibŭlum. Significa 1. m. Atrio o portal que está a la entrada de un edificio; 2. m. En los grandes hoteles, sala de amplias dimensiones próxima a la entrada del edificio; 3. m. Espacio cubierto dentro de la casa, que comunica la entrada con los aposentos o con un patio. 4. m. recibimiento (‖ pieza que da entrada a cada uno de los cuartos habitados por una familia).

El vocablo vestíbulo se relaciona con el vocablo Vesta, nombre de una diosa romana que protegía chimeneas y hogares. Cuenta la mitología que Vesta era la mayor de las hijas de los titanes Cronos y Rea. Al igual que sus hermanos, Vesta sufrió la ira de su padre, al cual una profecía había vaticinado que sería destronado por uno de sus hijos. Para evitarlo, Cronos fue encerrando a sus hijos, Vesta entre ellos, a medida que Rea los daba a luz en el Tártaro, una de las secciones más recónditas del Hades, el inframundo Olímpico. Apenada Rea, decidió salvar a uno de sus hijos, y cuando nació el último de sus hijos, un varón llamado Zeus, no le dijo nada a Cronos, y lo mandó a la Tierra donde creció oculto a los ojos de Cronos. Ya adulto, Zeus liberó a sus hermanos, y los lideró en la guerra contra su padre Cronos y los Titanes. Después que Zeus se coronó como monarca supremo del Olimpo y dirigente de los Olímpicos, Vesta se convirtió en diosa del hogar y fue adorada por griegos y romanos. En ciertos lugares, suele colocarse su escultura en el vestíbulo de la casa.

Este vocablo es recogido por el Diccionario de Autoridades de la Academia desde 1803 y usado desde 1605 por autores españoles y, posteriormente, por americanos en diferentes obras predominantemente narrativas, científicas y de sociedad.

Conservemos y revaloremos, pues, nuestra prestigiosa lengua, símbolo de la cultura occidental y desterremos los usos extraños que, lejos de prestarnos un servicio, nos separan y arrasan con todos los matices culturales que hay alrededor de las palabras. Acudamos con más frecuencia al diccionario de nuestra lengua, disponible incluso en formato electrónico.

El uso de extranjerismos innecesarios, como diría Alex Grijelmo, refleja no solo un sentimiento de inferioridad ante las lenguas foráneas, sino ignorancia de los ricos matices de significación de los vocablos castellanos.

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