Aborto Eugenésico: El Moderno Auschwitz

RectorPor: Dr. Hugo Calienes Bedoya
Rector USAT
Centro de Investigación en Bioética USAT-Chiclayo

La Iglesia católica celebra el 28 de diciembre el día de los inocentes, fiesta que popularmente se aprovecha para gastarse todo tipo de bromas y hacer verosímil lo más inverosímil. Sin embargo observando el panorama moral mundial este recuerdo debe llevarnos más lejos que el simple juego. Herodes aniquila a los nacidos de cero a dos años porque la llegada del Mesías ponía en jaque su reinado. Juan Pablo II aprovechando el recuerdo de este hecho histórico nos hablaba de los modernos Herodes que siguen destruyendo vidas pero de no-nacidos amparados en iguales viles motivos.

El Primer y fundamental derecho del ser humano, es el derecho a la vida. Es ésta una verdad tan obvia que resulta superfluo demostrarla. Lamentablemente hoy asistimos a un espectáculo curioso: crisis en la firmeza de los modos de pensar (modus cogitandi) y en los modos de obrar (modus vivendi), producto de una persistente “inculturación” post moderna dispuesta a no admitir más valores que los que ella fabrique. La certeza de que la madre ama al hijo, que la sociedad (con una legislación acorde) protege al no nacido, va dejando de serlo. El filosofo español Julián Marías afirma que la aceptación social del aborto es más grave que el holocausto nazi (Auschwitz perdura como símbolo de esa barabarie), o el Armenio por los turcos o, el de la ex Yugoslavia. Quizá la gravedad del tema se acentúa al constatar que los profesionales de la salud se han plegado a esta mentalidad anti-vida y para justificarla hacen ciertos distingos, como es el caso que nos ocupa: el aborto eugenésico.

En el fondo este asunto tiene su origen en la visión antropológica de la persona humana y de ésta visión surge otro sugestivo planteamiento: calidad de vida. A una determinada visión antropológica le corresponde la defensa de una determinada calidad de vida, concordante, o no, con la ley natural y el respeto de la dignidad de la persona humana.

Quiero abordar independientemente las actuales visiones antropológica y luego sus consecuencia en la calidad de vida.

Si la concepción que se tiene de la persona humana no está abierta a la trascendencia y es vista solo de manera utilitarista, cerrada estructuralmente a la metafísica, la existencia humana solo es valorada en su dimensión física. Antropologías inmanentistas como el sociobiologismo, el no-cognotivismo, el utilitarismo y el contractualismo, dan el soporte teórico a favor del aborto eugenésico.

Si hay una concepción personalista, centrada en una antropología realista, que tiene como fundamento el concepto de persona (sustancia individual de naturaleza racional), por la que el hombre es persona por el solo hecho de “ser” un ser humano, es decir, la persona es mucho más que sus actos, que su comportamiento (los actos son del sujeto, no son el sujeto), nunca se justificará el aborto aunque empleemos denominaciones “políticamente correctas” como, eugenesia. Para el personalismo ontológico todos los seres humanos son personas: es “ya” persona el zigoto, el embrión, el feto, el recién nacido, el niño…

Con referencia a la calidad de vida. Cuando el criterio de “calidad de vida” está inspirado en la concepción de la vida humana como bien instrumental, entonces se le otorga un valor supremo que pasa por encima de la misma vida y ésta deja de ser un valor absoluto. El consejo genético y el diagnóstico prenatal se convierten en instrumentos de “selección” para determinar quienes son los más aptos y por tanto tienen derecho a vivir y a quienes hay que suprimir, por medio del aborto eugenésico, porque carecen de este derecho. La OMS, ha afirmado equívocamente, “que en un mundo que se preocupa cada vez más por la calidad de vida humana, se debe dar por descontado que los hijos deberán nacer libres de toda enfermedad genética”. Comentario eufemístico que puede interpretarse a favor del aborto eugenésico.

Cuando se considera que la vida no puede ser manejada como un bien instrumental, el criterio de la “calidad de vida” está subordinado al respeto de la vida. En este caso el consejo genético y el diagnostico prenatal, que son medios para “chequear” al feto dentro del útero y adelantarse a diagnósticos de enfermedades, malformaciones, etc., llevan a actuar con celeridad y eficacia y a tomar acciones terapéuticas para tratarlo, si es posible dentro del útero o, adelantar el parto o, a preparar el arsenal terapéutico para atenderlo una vez nacido. Es decir están al servicio de la vida.

No quiero ser simplista pero a grandes rasgos he descrito dos posiciones diametralmente opuestas que no admiten neutralismos. Barrio Maestre, catedrático de la universidad Complutense de Madrid, dice con acierto: “El valor incondicional de la vida humana no es argumentable; constituye, por el contrario, el fundamento de toda argumentación ética y la medida de su rectitud”.

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