¿Hacemos el bien con los alimentos transgénicos?
En nuestro país hace unos días el Pleno del Congreso aprobó la ley que establece una moratoria de 10 años al ingreso y producción de organismos genéticamente modificados -conocidos como transgénicos- con fines de cultivo o crianza, incluidos los acuáticos, a ser liberados en el ambiente. También exonera a los productos derivados importados para fines de alimentación directa humana y animal o para su procesamiento. Asimismo, deja sin efecto el polémico Decreto Supremo 003, emitido en el gobierno anterior, que permite el ingreso de transgénicos al territorio nacional.
Esperemos entonces, como señala la Ley, que el Ministerio del Ambiente que se encargue de proponer y aprobar las medidas necesarias para garantizar y proteger la conservación de nuestra extraordinaria biodiversidad nacional.
Pero es una preocupación constante para toda la población el saber si está bien o está mal el consumo de los transgénicos porque no se conocen o no se han reportado científicamente cuáles son los efectos que se presentan por haber consumido transgénicos, pero es importante saber que desde la aparición de la agricultura, se ha realizado una selección de plantas que nos proporcionaban un mayor rendimiento en alimentos o de materias primas necesarias para obtener numerosos productos útiles como drogas, medicinas, colorantes y especias, en los últimos cien años han sido habituales los cruzamientos entre individuos de la misma especie o especies próximas, hasta obtener individuos híbridos que portan una característica deseada de tal forma que si existe poco parentesco entre ellas, la probabilidad de obtener descendencia es muy baja, como cuidándose sabiamente de no cometer aberraciones. Actualmente sabemos que la ingeniería genética permite el acceso y la manipulación directa de los genes rompiendo las barreras impuestas por la divergencia genética, es así como se han obtenido las plantas transgénicas portadoras de un gen ajeno que se denomina “transgén”.
Entonces un transgénico es un Organismo Genéticamente Modificado (OGM), un organismo vivo que ha sido creado artificialmente manipulando sus genes, con las técnicas de la ingeniería genética aislando segmentos del ADN (el material genético) de un ser vivo (bacteria, vegetal, animal e incluso humano) o de virus para introducirlos en el material hereditario de otro.
Este no es un fenómeno nuevo, probablemente se trata de uno de los temas más controvertidos en la actualidad, por los altos márgenes de inseguridad y la falta de conocimientos sólidos. Este hecho obliga al científico que se deja guiar por la ética, a tomar una posición de excesivo cuidado. No sólo la falta de conocimientos secundarios, sino también la de potenciales riesgos a largo plazo, se tienen que contemplar antes de dar un voto aprobatorio a cualquier manejo transgénico. Siguiendo los postulados epistemológicos de Popper, más vale pecar de demasiada prudencia que de irresponsable ligereza, dado que la supervivencia de la raza humana y del planeta mismo está en juego.
Es ahora cuando tenemos que acabar con esta descabellada idea, dejemos de perder tiempo analizando y discutiendo acerca de la conveniencia y las reglas específicas para introducir o manejar los transgénicos que se justifican en el gran avance tecnológico, todos sabemos que esto acarrea potenciales y reales riesgos biológico-ambientales; los de salud humana y animal, y los socio-culturales-económicos.
Ya diferentes países del mundo, se reunieron en Río de Janeiro del 3-14 de Junio en 1992, para realizar la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo2. Allí podemos encontrar el Principio 15º, que describe claramente, la importancia de las medidas de precaución que debemos adoptar para defender nuestro ambiente, ante el desarrollo de la Biotecnología Moderna, tecnología aún no totalmente controlada y por lo tanto muy peligrosa3. ¿Por qué no respetamos lo acordado entonces?
A escala mundial, la mayoría de la población tiene miedo a los transgénicos, la biotecnología y los “Alimentos Frankenstein”, porque una vez liberados al medio ambiente los transgénicos no se pueden controlar. La contaminación genética pone en peligro variedades y especies cultivadas tradicionalmente, y es irreversible e impredecible, no se puede volver a la situación de partida.
Exigen a sus gobiernos legislaciones que los protejan como consumidores, pero quieren, sobre todo, saber si un determinado alimento contiene o no material genéticamente manipulado. Esto significa un etiquetado transparente y comprensible para cualquier nivel educativo. Exigen una divulgación certera, honesta y amplia de los riesgos y aciertos de la biotecnología, la estandarización de medidas de control, métodos baratos de evaluación (kits en lugar de análisis complejos del DNA), alternativas ante pesticidas peligrosos, control de hormonas y alimentos balanceados en la ganadería, seguridad alimentaria individual y colectiva con alimentos sanos, permanentes y suficientes, que evitarían daños a la salud humana.
Estos temas se discuten en casi todos los países. Las experiencias vividas frente a la contaminación empresarial son todavía recientes, cuyos resultados fueron severos deterioros en la salud y cambios epidemiológicos, nuevas alergias, y aparición de nuevos tóxicos son algunos de los riesgos que corremos al consumirlos, debido a elementos tóxicos. Las entonces respuestas tibias por parte de las autoridades responsables, han mermado la confianza de la población en las empresas y en sus gobiernos. Por ello las autoridades europeas y norteamericanas se vieron obligadas a actuar con mayor velocidad en el caso de los transgénicos, a fin de proteger a su población y garantizar la seguridad alimentaria. Hay que legislar no sólo lo conocido, sino, ante una creciente organización de la sociedad civil, también los potenciales riesgos. El principio precautorio debería regir en todas las discusiones biotecnológicas, ante lo novedoso de las mismas y los pocos conocimientos con que cuentan los científicos acerca de los efectos secundarios o a largo plazo. El Senado de la República en México acaba de reglamentar el etiquetado comprensible de los OGM, a fin de identificar con facilidad un producto transgénico. En Perú urge ahora vigilar su implementación y legislar sobre el manejo biotecnológico.
En síntesis, la complejidad de los problemas mundiales induce a reflexiones bioéticas que abren caminos novedosos. Ellos deberían vincular el desarrollo sustentable a valores universales de equidad, justicia y democracia. En el ámbito de paradigma, un mundo cada vez más interrelacionado y globalizado, choca con la idealización de las fuerzas del mercado, como única herramienta para lograr avances científicos, eficiencia, bienestar y calidad de vida, pero, sobre todo, condena a dos tercios de la población mundial a la miseria. En cambio, una visión bioética supera estos problemas y orienta el desarrollo del nuevo milenio hacia la generación de calidad de vida para todos los habitantes.
Por eso en nuestro país debemos plantearnos propuestas puntuales:
* Preservar al patrimonio genético y la biodiversidad local, regional, nacional y planetaria.
* Prohibir la introducción de semillas transgénicas (OGM) en los países con especies nativas.
* Prevenir cualquier peligro en la salud humana, animal y de plantas por:
- Efectos secundarios Impredecibles en salud humana
- Inestabilidad de genes implantados y riesgos en salud
- Debilitamiento del sistema inmunológico y manifestación de alergias como resultados de los OGM.
- Resistencia a antibióticos
- Efectos acumulativos de agroquímicos que producen procesos degenerativos en el tejido humano causando desequilibrios hormonales por OGM.
* Exigir el etiquetado estrictamente de todo producto transgénico, aún en cantidades mínimas para prevenir la pérdida de la seguridad alimentaria
* Establecer bancos de germoplasma y renovarlos periódicamente
* Evitar que aumente el hambre y la pobreza en el Tercer Mundo por los OGM
* Impedir que los alimentos sanos y medicinas tradicionales desaparezcan
* Promover investigaciones biotecnológicas entre universidades del Primer y Tercer Mundo que fomente la biodiversidad
Entonces, los potenciales riesgos de los OGM y algunos efectos negativos comprobados, obligan a la humanidad entera, las naciones soberanas y las organizaciones ciudadanas, a defender sus intereses genuinos: su derecho a la vida, a un entorno sano, a un futuro sin miedo y al patrimonio mundial cultural, ambiental y genético. Sólo una legislación sustentada en los principios antes mencionados, permitirá a los jóvenes enfrentar al mundo con menos angustias y con una seguridad humana que garantice bienestar a todos, sin distinción y sin privilegios. En las manos de cada uno de nosotros está la responsabilidad ética de colaborar en este futuro deseable.
Bibliografía
- Art.15º Principio Precautorio, Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, 1992
- Porteus, M. H. Zinc fingers on target. The existing methods of creating genetically modified plants are inefficient and imprecise. Nature, 2009. 459: 337-338.
* Mgtr. María Teresa Sánchez Julca
Profesora adscrita al Departamento de Ciencias de la Salud
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