“Un saludo a la bandera, ¿Compromiso sin contenido?”
Por: Dr. Hugo Calienes Bedoya Rector USATLa frase “un saludo a la bandera” ha sido incorporada al argot lingüístico de la mayoría de los peruanos independientemente de su nivel sociocultural. Resulta ser la manera más práctica y ejemplificadora para decir que aquello que se dijo, o se prometió, no se dijo, no se prometió: es nada, pompa de jabón que se la lleva el viento y no deja huella.
Por ser una expresión tan gráfica a todos les gusta emplearla, el inconveniente es que sale mal parado uno de los simbolismos que a los peruanos (no solo a los militares) nos llena de orgullo y que es, en buena cuenta, demostración de amor a la patria. Es penoso que tengamos que recurrir a nuestra bandera para explicar el incumplimiento de un compromiso.
La frecuencia de su uso da que pensar: ¿tan venida a menos está la capacidad de compromiso?; ¿el valor de la palabra dada ha perdido el peso específico por el que se estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para demostrar la integridad del que la empeñó?
Asumir un compromiso y actuar en coherencia es la manera honrada de ir edificando una vida y una sociedad. Evadir o postergar “sine die” decisiones serias (por ejemplo hoy mucha gente no tiene hijos por miedo, otros temen al matrimonio indisoluble y no se casan) con el argumento egoísta de defensa de la propia libertad, de la pérdida de la aparente comodidad. Estos casos siempre se han dado (y se seguirán dando) a lo largo de la historia, pero por ser, desde el punto de vista psicológico, indicio de inmadurez y de inseguridad personal, se tratan por el especialista. Ahora parece que asistimos a una globalización de este tipo de trastornos.
Muy oportuno resulta el diagnóstico de que son gentes “que hacen barricadas con la libertad. ¡Mi libertad, mi libertad! La tienen, y no la siguen; la miran, la ponen como un ídolo de barro dentro de su entendimiento mezquino. ¿Es eso libertad? ¿Qué aprovechan de esa riqueza sin un compromiso serio, que oriente toda la existencia? Un comportamiento así se opone a la categoría propia, a la nobleza, de la persona humana”(1)
Las personas vivimos tomando decisiones, algunas son de categoría menor y no se tienen muy en cuenta, son parte del “automático” que crea la rutina de la vida. Otras por su complejidad sí requieren de una previa y cuidadosa atención para luego inclinarse por una u otra opción y actuar consecuentemente. Si, en estos casos, voluntariamente se alarga innecesariamente la decisión y se cae en la duda paralizante, la libertad no queda a salvo, ya se eligió. Lo elegido es que, por inconsistencia personal, otros (ley del gusto, amigos, ambiente, etc.) tomen la batuta. “El indeciso, el irresoluto, es como materia plástica a merced de las circunstancias; cualquiera lo moldea a su antojo y, antes que nada, las pasiones y las peores tendencias de la naturaleza herida por el pecado” (2)
Comprometerse en algo, o con alguien, es poner en ejercicio la libertad con responsabilidad, don más grande que tiene el ser humano que lo diferencia de las demás criaturas creadas. El insensato hace una caricatura, un remedo, de la libertad y la entienden como “hacer lo que le venga en gana” excluyendo la consiguiente responsabilidad que le pediría cuentas.
Es época de elecciones y, por experiencias pasadas, habrá competencia entre los candidatos por ofrecer, prometer, “el oro y el moro”. Ojalá se den cuenta que cuando hablan están haciendo un ejercicio de libertad que exige responsabilidad para cumplir. Si toda la verborrea la entienden como “un saludo a la bandera” añaden a su inmadurez la injuria a la patria.
(1)S. Josemaría Escrivá, “Amigos de Dios”, n 29, ediciones Rialp,8va edición, 1998. (2)Ibídem, n, 30.

