“Tópicos de Campaña” Tender puentes

Por: Dr. Hugo Calienes Bedoya
Rector USAT

En las recientes campañas electorales, tanto en la primera como en la segunda, hemos escuchado diferentes tópicos que han constituido el eje medular de  las mismas y en torno a los cuales se construía el discurso político: “defender el estado de derecho”, “defender la legalidad”, “defender  la democracia”, “no dar un salto al vacío”, “no al continuismo”, “votar con memoria”, etc.  Si bien la técnica del buen eslogan vende bien aunque el contenido sea flojo,  como las letras pegadizas  de las canciones de los festivales, pienso que hay que hacer un análisis de una verdad que esconden y que es preciso descubrir para utilidad futura. 

La polarización observada, que va más allá del legítimo deseo de ser el ganador,  asusta porque evidencia, además del oportunismo de unos cuantos mediocres, rencores enconados en lo más profundo de la persona y, a pesar de los años transcurridos,  odios latentes con esperanza revanchista. En una palabra ausencia de grandeza para perdonar, pasar la página y construir un Perú solidario y hermanado.  Los tópicos en este sentido han sido la excusa para justificar estos sentimientos negativos.

La lid por el sillón de Pizarro ha concluido. Se espera que el próximo gobierno asuma la batalla más importantes para alcanzar el auténtico desarrollo: que los peruanos olvidemos, perdonemos y pongamos “a una” el hombro para que el desarrollo integral  llegue  hasta el último rincón de nuestra sierra y selva.

¿Que hará falta para empezar?, porque los teóricos buenos deseos -siendo mucho- son solo el primer tramo.  Al discurso político tienen que acompañar acciones claras que no admitan duda de que se quiere ir por este camino. Un gesto que todos los peruanos agradeceríamos es que los contrincantes se confundan en un abrazo sincero y fraterno. Otro, recoger lo mejor de las propuestas de todos los candidatos a la presidencia y renunciar a aquello que pueda ahondar aun más las brechas sociales.

Pedir disculpas, por ambas partes, por el exceso de palabras y/o gestos, que la pasión de la campaña provocó y que posiblemente ofendieron la dignidad que como personas todos merecemos, es un deber y no puede reducirse a un simple acto de cortesía, es calidad humana.   Esta actitud también es válida para los candidatos que no pasaron a la segunda vuelta y que públicamente optaron por una determinada opción política. 

¿Hago una “moralina”?,  de ninguna manera, es lo que el Perú necesita y espera.

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