¿Qué es importante para gobernar o dirigir?
Por: Mgtr. Fernando Cubas Benavides
Director del Departamento de Ciencias de la Salud
Actualmente estamos viendo como muchas instituciones públicas y privadas, centros de estudios, nacionales e internacionales difunden programas para “formar gobernantes” o para “formar directivos” o “talleres para formar líderes”, y muchas personas acceden a estos programas o cursos porque en la mayoría de lugares la única condición es que “paguen” lo debido y si es al “cash” mejor todavía. Al parecer el interés de estos programas es únicamente económico y es obvio que no están preocupados por formar a nadie.
Si esto funcionara como debería ser, pues deberíamos estar inundados de líderes y por lo tanto de excelentes personas que gobiernen: empresas, instituciones, países, ministerios e incluso la institución más importante de la sociedad como es la familia.
Pero la realidad es otra. La mayoría de empresas estatales son un ejemplo pero de cómo no debe funcionar un sistema organizativo que al menos tenga claros sus objetivos y fines. Las empresas que ahora “dominan” el mundo son las asiáticas y muchas de ellas basadas en regímenes de explotación laboral. Otras, consideran la rotación frecuente de sus directivos como una forma de lograr formar al “directivo ideal” sin considerar a la familia del mismo (por lo tanto a la persona en sí), la cual termina con sus integrantes diseminados: un hijo en Asia, uno en África y otro en América. En este escenario, también la familia como institución está afectada, dañada, inclusive el matrimonio se cuestiona en su propia naturaleza y fin. Y así podríamos describir varios casos y con nombres puntuales.
Muchas de estas instituciones “formadoras de líderes” venden sus “productos” como manuales o decálogos para el “éxito”, como si lograrlo fuera una cuestión de seguir “al pie de la letra” unas determinadas instrucciones que para alguna persona en un momento determinado le “funcionaron”. Lo cual demuestra su total desconocimiento acerca de cómo es la actividad humana en todo su contexto.
Esta realidad en cierta forma “distorsionada” es lo que me lleva a clarificar muchos aspectos que no se están tomando en cuenta y que son fundamentales cuando nos referimos a cómo gobernar o dirigir (porque son sinónimos) distintas organizaciones o instituciones que tienen como integrante y protagonista principal a la PERSONA, a seres humanos: con cuerpo, mente y espíritu.
Primero es importante saber que la persona es individuo y ser social por naturaleza, es decir, no puede desarrollarse ni lograr su perfeccionamiento sin los demás y sin vivir en sociedad. Las instituciones y organizaciones son parte de la sociedad. Por tanto para conocer y entender a la persona hay que conocer y entender a la sociedad y viceversa, para lo cual aplica el principio: “no se conoce al todo si no se conocen las partes”1.
Luego debemos tener claro que el ser humano no solo tiene como atributo o como forma de expresarse el tiempo, por eso alguno cree que solo debe dedicarse a producir, para no “perder tiempo”. Pues la vida del ser humano, de la persona es espacio y tiempo, es ver al todo y a las partes a la vez. “Los seres humanos somos todos lo mismo y diferentes a la vez”1.
De estos tres párrafos anteriores ya podemos tener una conclusión, y es que es imposible que estudiemos a la persona fuera de la sociedad, solo en la empresa, solo como empresario o como gobernante o como directivo. Y de aquí también se deduce que quien gobierna o dirige tiene que conocer todo y de todo.
Por eso cuando un gobernante o político solo sabe de el arte de “manejar el poder” o del “arte de liderar” y no conoce la sociedad (por tanto a la persona) pues ni siquiera podrá con el poder que se le asigne.
El poder es innato en la persona, es como el ser social, aparece con la propiedad desde que somos niños: “es mío”. Y cuando reconocemos ese poder es que empezamos a desarrollar nuestro propio “yo” para bien o para mal, dependiendo de las virtudes y de la formación profesional y personal que tenemos. Este concepto se debe tener para saber cuándo y por qué deben darse las rotaciones racionales de directivos o gerentes o administradores, etc., porque el adquirir poder puede “cegar” a las personas sobre todo cuando se está por mucho tiempo, le impide seguir creciendo en lo personal, profesional y espiritual.
Tiene poder solo el que es obedecido y obedecer es escuchar, nos tenemos que entender y para ello tiene que haber afinidad entre las personas. Lograr que alguien nos obedezca es lo más difícil de conseguir. La solución será lograr la confianza, esto es poder creer en el futuro que me dice la persona que gobierna y creer en su pasado, de esta manera sentiremos que no nos causará daño alguno. La confianza es la victoria sobre el tiempo, y es vital en cualquier institución u organización así como en la sociedad.
La persona que gobierna debe conocer las divergencias actuales de los saberes. La política es considera como un “juego” donde lo más importante es ser “democrático” entendido como la capacidad de votar en las elecciones más que en lo esencial del término y predomina la astucia sobre la prudencia. La economía es considerada como “cálculo” de la situación más ventajosa para mi propio interés y es una ciencia “exacta” y “verificable”. La ética es un saber privado, individual, no tiene nada que ver con la sociedad2. Es decir, no hay bien común conocido, cada uno busca su propio “bien” y quiere que ni el estado ni ningún individuo interfieran en el logro de la satisfacción de necesidades y deseos individuales.
¿Es importante tener clara esta realidad descrita?, por supuesto que sí, es necesaria. Solo quien conoce integralmente el entorno que vive será capaz de gobernar o dirigir con responsabilidad y justicia. Vale precisar que justicia es dar a cada quien lo que le corresponde en relación al bien común, y no dar a cada uno una parte de todo.
También hay quienes utilizan el término de: “virtudes”, sin saber exactamente lo que significa y lo que implican, por eso que pueden dividirlas en “virtudes del líder”, “virtudes para el éxito”, etc. Podemos dar una definición práctica de virtudes: son disposiciones de carácter permanente que llevan al perfeccionamiento, a la felicidad verdadera de la persona, al logro del bien común. Por tanto las virtudes deben ser conocidas y sobre todo practicadas por todas las personas que conforman la sociedad y las organizaciones, instituciones, etc. Y el gobernarte debe ser el mejor ejemplo de cómo se deben vivir: en la familia, en lo personal y en lo espiritual.
Es importante también para el gobernante saber que no ha existido y no hay hasta ahora una teoría de la organización “ideal”, se han estudiado y aplicado muchas: “la burocracia”, “la teoría de la organización científica del trabajo”, “la escuela de las relaciones humanas” y “la teoría de sistemas y teorías institucionales”. Ninguna ha demostrado ser la idónea para organizar y dirigir una institución u organización, y la evolución en el discurso del “management” hasta el momento no ha cumplido con las expectativas que generó su introducción en el “mundo empresarial”. Esto nos lleva a reflexionar y entender que la vida humana, la vida de las personas es de tal dinamismo y riqueza que nunca la terminamos de conocer.
Una definición más acertada que engloba lo que hemos compartido en este artículo, diríamos que gobernar es ordenar y lograr la paz, colocando a cada quien (y cada cosa) en su lugar propio, en su sitio, siempre reconociendo las relaciones con los demás. Cuando se habla de orden, es en referencia al orden interno y externo de la persona, de la sociedad, por tanto de la organización o institución. Ordenar, estaría entendido como el saber obtener la belleza implícita que hay en la realidad, para entender mejor podemos decir que no podemos vivir en una sociedad o trabajar en una organización o pertenecer a una institución familiar que no es bella y por tanto ordenada. Por ejemplo: una casa sucia, desordenada, nos hace pensar de inmediato que hay ciertos problemas no resueltos; otro ejemplo sería lo no atractivo de la política pues la relacionamos con fraude, mentira, desorden.
Todas las sociedades humanas tienen su historia, su cultura, sus tradiciones, su educación y a la vez es en estas trascendentales sociales en donde están sus diferencias o similitudes. Lo mismo aplica para las personas y para las organizaciones o instituciones. Por ejemplo una sociedad educada será más civilizada, y por esto mismo un sistema o experiencia que funcionó en un país determinado o empresa, no tiene porque funcionar en otro (a).
En cuanto a liderazgo, es más completo referirse a “liderazgo relacional” y está muy relacionado con la actividad de gobernar, pero es un tema que prefiero tratar en otro artículo.
Quien va a gobernar o dirigir cualquier organización, institución, área o incluso un país tiene que tener una visión integral (visión de conjunto) y debe procurar que todos sus integrantes compartan de una u otra manera esa misma visión para poder cumplir los objetivos y metas establecidas, para lo cual deberá generar la confianza necesaria. Es muy importante entender que las personas representan lo más valioso en cualquier sistema, en la sociedad y de allí se desprende la importancia de su formación para que podamos vivir el sentido subjetivo de nuestro trabajo, la trascendencia del mismo. Para lograr esto no podemos dejar de considerar los medios que se tienen: presupuesto, planes estratégicos, infraestructura, etc.
En resumen, para gobernar bien debemos proponernos seguir formándonos integralmente, vivir ejemplarmente, fortalecer nuestro espíritu y nuestra fe, adquirir conocimientos y experiencia que nos hagan prudentes; solo así, sabremos que estamos en el camino cierto y que esa es la mejor forma de ayudar al desarrollo de nuestra sociedad.
Referencias Bibliográficas:
- Rafael Alvira (2011). Apuntes de Principios de Filosofía Política. Máster en Gobierno y Cultura de las Organizaciones. UNAV.
- Alejo Sison (2011). Apuntes de Ética, Política y Economía. Máster en Gobierno y Cultura de las Organizaciones. UNAV
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