¿Por qué algunos estudiantes no tienen problemas con sus escritos mientras a otros les cuesta tanto?
Por: Rocio del Pilar Rumiche Chavarry
Profesora adscrita al Departamento de Humanidades USAT
De acuerdo con una difundida creencia, escribir es una suerte de habilidad innata; una vez aprendidos los principios básicos, se posee la capacidad de hacerlo o no.
Por experiencia con estudiantes universitarios, se puede decir que para convertirse en un buen escritor la clave reside en comprender lo que se pide y lo que implica el proceso de terminar un trabajo. Una vez que se ha entendido cuanto debe hacer, la redacción se torna más sencilla.
Los usuarios de la lengua se desempeñan con eficiencia en los contextos comunicativos que les son habituales. Sin embargo, los estudios universitarios nos enfrentan a una nueva esfera comunicativa con nuevos códigos que aprender y descifrar. Los textos que se escriben en la universidad, como exámenes, ensayos, monografías, artículos científicos y reseñas, entre otros, exigen familiarizarse con usos lingüísticos y textuales específicos.
A menudo, el profesor de asignatura advierte que tiene problemas de redacción y necesita mejorar la gramática y la sintaxis. El hecho de aprender a redactar significa atender cuestiones más formales tales como la gramática y la puntuación.
En los trabajos universitarios, para muchos estudiantes, se impone el uso de un lenguaje formal, pero las estructuras formales se deben comprender y aplicar con más facilidad, cuando se familiariza al estudiante con una amplia gama de lecturas y estilos de redacción, mediante talleres de redacción, en donde el estudiante practique la lengua escrita y vincule la redacción universitaria con el hábito de la lectoescritura, que por cierto deben ser exigidos en todas las carreras profesionales.
Una manera efectiva de dominar gradualmente el idioma es leer los editoriales de los periódicos. En este sentido, los artículos de opinión son más útiles que la simple crónica.
En ese sentido el presente artículo ayuda a identificar los errores frecuentes, ofrece herramientas para mejorar la expresión escrita en el nivel universitario y desarrollar habilidades para la redacción de textos académicos. Uno de los tantos problemas es el mal uso del registro lingüístico y léxico inapropiado para el tipo de texto. Cada tipo de texto exige un tipo de léxico. Por ejemplo, el lenguaje de los textos universitarios es distinto al de los artículos periodísticos.
Uno de los problemas más comunes entre los estudiantes universitarios se da al escoger el tipo de palabras que usarán al escribir. Existe una frase muy usada entre los estudiantes de los ciclos iniciales que interrogan sobre cómo escribir monografías o respuestas de exámenes: ellos preguntan si tienen que escribir “en sus propias palabras”. Esta frase en realidad sirve para pedir permiso y no usar el lenguaje académico que la universidad requiere de sus estudiantes. La redacción universitaria se ciñe a parámetros claramente establecidos y enseñados en las asignaturas de comunicación, metodología o de redacción de la institución.
En donde no existe cabida para los problemas de coherencia temática al interior de una oración, párrafo, al interior de una secuencia, al interior del texto mismo, entre el texto y el contexto. Otro problema, es la tendencia a la síntesis, pues la mayoría de los escritores buscan la brevedad. Sin embargo, existe la creencia generalizada entre los estudiantes universitarios que la brevedad es una licencia para no explicar ni sustentar las opiniones dadas en la redacción. El resultado suele ser una redacción llena de párrafos cuyas oraciones bien podrían ser oraciones temáticas de varios párrafos; o párrafos de una única oración.
Se recomienda procurar que cada párrafo tenga su oración temática y sus oraciones de sustento. Si necesita desdoblar un párrafo en dos o más párrafos a fin de explicar su posición claramente, hágalo sin dudar. Si sus párrafos son muy breves y constan sólo de oración temática, es preferible agregar las oraciones de sustento.
Otro problema detectado en los estudiantes universitarios es la sintaxis caótica. Las partes de la oración castellana suelen aparecer en determinado orden más frecuentemente que en otro. Los estudiantes suelen olvidar esa observación y escriben las partes de la oración en cualquier orden.
La simplicidad de esas estructuras sintácticas es una buena guía para no construir oraciones excesivamente complejas. El orden usual de la oración castellana es: Sujeto- Verbo- Objeto directo- Objeto indirecto- Complemento.
Otro error, en el que debemos estar atentos todos los profesores universitarios, es que los textos académicos presentan una puntuación confusa, es importante incidir en que esta sirve para diferenciar las partes del párrafo y para relacionarlas; es decir, diferencia y relaciona, para lo que sugiero evitar como regla general, el uso del punto y aparte para diferenciar párrafos y secuencias. Si los distintos párrafos no son distinguibles mediante el punto y aparte… ¿Qué los separa? Conviene usar el punto seguido para distinguir las partes del párrafo. Si las distintas partes del párrafo no aparecen separadas por el punto seguido, el lector podría confundir la oración de enlace, la oración temática o las oraciones de sustento. Se procurar usar el punto seguido cada dos o tres líneas hasta acostumbrarse. Luego puede probar con cantidades mayores de líneas. En el caso de la coma conviene usarla al interior de cada una de las partes del párrafo.
Finalmente, no olvidar seguir el hilo temático central, evitando abordar temas que no vengan al caso. Evitar extenderse en digresiones que no interesen al lector e ir directamente al fondo del asunto y nunca perder de vista el tema y el propósito de su documento.
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