Planta 9 Revistas volumen-01

13-Sobreviviente

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Fatídico relato de una sobreviviente
Agustin Gamarra Sampén
Arquitecto por la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo.
Docente de la Escuela de Arquitectura e Ingenieria Civil-Ambiental de la Universidad Catòlica Santo Toribio de Mogrovejo.


Tres hermanos viven en una casa:

Son de veras diferentes;

si quieres distinguirlos,

los tres se parecen.

El primero no está: ha de venir.

El segundo no está: ya se fue.

Sólo está el tercero, el menor de todos;

sin él, no existirían los otros.

Aun así, el tercero sólo existe,

porque en el segundo se convierte el primero.

Si quieres mirarlo

no ves más que otro de sus hermanos.

Dime pues: ¿los tres son uno?

si sabes cómo se llaman

reconocerás tres soberanos.

Juntos reinan en un país

que ellos son. En eso son iguales.

Michael Ende, Momo. 1984.

PALABRAS CLAVE: vivienda, colectivización, sociedad, contemporáneo.

 

RESUMEN

 

Año nuevo de 2050, es ya sabido que los objetos se han revelado, aprovecharon la vulnerabilidad y cosificación del ser humano y han tomado la ciudad por sorpresa. Lo que se pensaba imposible ha empezado a suceder, los acostumbrados días de 24 horas, duran ahora 116 días y 18 horas. El espacio-tiempo se ha roto y las viviendas gemelas que sorprendían en los años sesenta, y se fueron transformando eclécticamente en los años posteriores, se han humanizado de tanto sufrir.

 

Los edificios son ahora seres vivos, pueden expresarse, pero no quejarse, las ventanas son ojos, las puertas permiten respirar, de las cocheras se alimentan y alguna tiene lunares en ciertas partes. Las escaleras son lenguas, pero no saborean, y las más inseguras tienen los dientes afuera. Las cabezas son multiformes, de todos los colores, una de las pocas cosas que no han cambiado hasta hoy. La vivienda del futuro es ahora presente, ya no se habita porque no hay habitantes, sólo máquinas que entran y salen para recargar y consumir.

 

Pero hay una sobreviviente. Se mantiene original y robusta. Ha vivido durante 84 años, en lo que era la cronología original, casi 10 000 años en la actual, y perdiendo a todas sus hermanas, una a una, en diferentes épocas. Con un conocimiento e intelectualidad descomunal, predice un cercano final, objeto del cual, una última acción podrá contar. Una inacabada prosopopeya de la calle 130.

 

Ella no puede hablar.

 

El irremediable paso del tiempo hace que sus elementos y sentimientos se transformen hacia un ínfimo deterioro. La seguridad del suelo presente ha sido superada por la obsesión del futuro tecnológico y ella tiene pocos momentos de lucidez nostálgica que tan sólo despierta para ubicarse nuevamente en un espacio urbano especial.

Al doblar la esquina se encuentra la calle de las trece gemelas que piden contar la historia de su separación, desmembramiento y mutación; de algunas, su desaparición. Estás líneas se escriben desde el apuro, sobre la marcha, antes de que sea demasiado tarde y la hermana mayor no resista más, dado que su fuerte apariencia es tan sólo un disfraz de lo que el futuro ha demostrado. Es mejor entonces relatar, hacer una acción previa a la consumación del último atentado.

 

Se tranquiliza y susurra suavemente:

 

“En la calle 130, todas éramos iguales. Gemelas de padre y madre, gloriosas hasta más no poder. Con una confianza y elegancia de nuestro tiempo. Muy modernas y respetuosas, siempre abiertas a conversar con quien pasara por delante de nosotras. No le cerrábamos la puerta a nadie, todos podían entrar a nuestro jardín y admirarnos de pies a cabeza, sin malas intenciones”

 

Ella continúa, es preferible no interrumpir:

 

“Un día, mis hermanas empezaron a transformarse. Con desazón, intentaré describirlas, incitarlas por si despiertan, insinuar lo que un día fueron y lo que ahora son, en lo que se han convertido y seguramente iré dejando líneas abiertas o vacías, teniendo por seguro que su mutación continuará, incluso yo siento que estoy cambiando, pero resistiré hasta el final”.

 

Se escuchan ruidos, es mejor callar y ocultarse por un momento, las máquinas se empiezan a mover con destinos desconocidos para mañana volver y asentarse en el mismo lugar, estorbando a las personas que antes eran amigas. Incluso los pájaros se van, se mudan al parque que los acoge del frío por las noches, quizá ellos están más arraigados a esta esfera de metal, que las mismas hermanas. Se van, y las ansias de escuchar la transformación de cada una de ellas se empieza a acrecentar.

 

Ante el evidente desorden, es de esperar que el relato sea confuso, obtuso, y en algunos casos haga saltos mentales entre una hermana y otra. El deterioro no se nota, pero la memoria es frágil y hay secuencias temporales que es mejor no relatar, y dejar que otros puedan interpretar de diferentes maneras la historia que ella decidió contar.

 

Se asoma una proyección tridimensional en blanco y negro por debajo de los dientes, se lee:

 

1966, fue el año donde un personaje importante en la historia, cuya identidad mantendremos en secreto, las trajo a todas juntas a la ciudad. Aunque no haya registro de esto, el cambio fue brusco y apresurado, ellas se adaptaron rápidamente y se acoplaron a la vida urbana, de una todavía no muy conocida calle 130. Cada una tomó el lugar que le correspondía, pero sin dejar de lado a la otra. Abrazadas, incluso sus sombras a veces se entrelazaban.

 

Pasa una máquina rastrera, susurra:

 

“tstsss, tssssssssssss, ts”

 

Ella vuelve por fin, y dice:

 

“Empezaré por las que duraron más tiempo, mi duodécima gemela empezó su transformación en el año 2016, al principio todo parecía tranquilo. Ella sólo tenía 50 años, pero de pronto, desapareció, le salieron dos grandes ojos, nariz al centro del rostro y debajo de los dientes izquierdos le creció algo de cabello. Con ella conversaba todo el día, pero desde que su cabeza se transformó en dos cuadrados, sus pensamientos cambiaron y no volvimos a hablar más”.

 

“La onceava soportó un año más. Pasó algo raro, porque su anatomía interior quedó intacta, pero las máquinas hicieron transformaciones en la parte inferior de su rostro. Tapando completamente sus ojos, dejando la nariz al centro, cubriendo con piel su lado derecho y el izquierdo con una boca enorme color marrón, irreconocible.

 

Cierra los ojos. Abre y dice:

 

“Olvidé el orden, es porque hace mucho que no escucho de ellas, sé que están cerca porque siento su presencia, pero no las veo. Seguiré, ojalá llegue al final”.

 

La décima:

 

“Dientes en todo el contorno inferior de la cara, incluyendo la nariz, todos negros y picados, llenos de agujeros que dejan ver el interior. Detrás se nota la lengua, gruesa y quieta, con el mismo color pálido del rostro. Ella se quedó calva muy joven, sólo mantuvo una corona que le regalé y no se la pudieron arrebatar”.

 

“Recuerdo que tenía un lunar en la mejilla izquierda.”

 

La novena:

 

“La más pequeña. A ella le sustrajeron una sección de su cráneo superior. En su rostro ahora sólo se ven los dientes, no tiene labios. Detrás, se puede descubrir que es tuerta y que tiene la nariz marrón sosteniendo muelas, dado que no tiene una mandíbula. Pienso que fue la que más sufrió, fue mutilada hasta el cansancio.”

 

Octava:

 

“La segunda más alta, de ella no quedó nada. Fraccionaron su aspecto facial en tres partes, adelantando la mitad de su cara hacia adelante y empujando la otra mitad hacia atrás, dejando la lengua colgando y expuesta a las inclemencias del clima. Tiene tres ojos, uno encima del otro, y dos lunares al costado derecho del central. Dos narices y una más detrás de la que no se encuentra al extremo”.

 

Séptima o sexta, divaga, quizá quinta:

 

“Dos narices, tres ojos vendados, dos arriba y uno abajo. Había una tercera nariz, no estoy segura de su ubicación, pero recuerdo que sólo se le podía ver si la miraba de reojo por la derecha, quizá la izquierda”

 

Tercera pausa.

 

“Vamos de derecha a izquierda mejor, perdí la cuenta”.

 

Derecha (sexta):

 

“Taparon su rostro original y le agregaron un único ojo que miraba hacia adelante, la pierna que tenía fue reemplazada por nariz y boca, que siempre andaban obstruidas. Ya no recibe visitas, nadie se puede acercar al jardín que daba a la calle”.

 

La más alta (quinta):

 

“Globos oculares por doquier, cuatro arriba, cinco al centro, dos escondidos abajo y uno más hacia afuera. Andaba siempre enyesada porque nunca se pudo recuperar de las operaciones sufridas. Ella, a diferencia de la otra, no sólo tuvo que sufrir que empujaran la mitad de su cara hacia adelante, sino que hicieron un segundo implante de pómulos para que puedan caber los ojos descritos”.

 

Cabeza triangular 1(cuarta):

 

“Tengo un lapsus, pasemos a la siguiente”

 

Cabeza triangular 2 (tercera):

 

“Siguiente”

 

Penúltima (segunda):

 

“A las dos no les hicieron mucho, pero su jardín quedó oscuro, descuidado, unos ganchos salen de la parte inferior de su rostro, pero toda la frente a quedado opaca hacia la calle y siempre está sudorosa por el intenso sol. Es la más descuidada de todas, las máquinas no se preocupan, nunca lo hicieron”.

 

Última (primera):

 

“Agregaron molduras a toda su fisionomía, un par de aretes en la nariz que, junto a la boca, parecen un muro infranqueable, que sólo se abre para dejar pasar a las máquinas. Arriba cambió poco, sólo sustituyeron su maquillaje original por uno barato, todavía la puedes reconocer de lejos, pero no entrar”.

 

Las máquinas vuelven. Ella, dice antes de irse:

 

“Describe mi estado original, no queda mucho”.

 

“Gracias”.

 

Sobreviviente:

 

Para que los especuladores y falsos admiradores no se acercasen, tuvo que poner un límite, tímido pero efectivo, fácil de pasar si la conoces y quieres conversar con ella en el jardín, admirarla de verdad y disfrutar de las historias que cuenta, o contaba.

 

Una vincha delgada reafirma el sentido de la calle y contiene su estilizado peinado. Su rostro vuela, pareciera que flota, visto desde lejos puede dejar estupefacto a cualquiera. Pero al acercarse, un delgado cuello, envuelto por una enredadera que sube hasta sus orejas, la sostiene. Una maravilla moderna.

 

Nunca cedió, aun sabiendo que la humanización llegaba, trascendió en el tiempo. A pesar del conocimiento que tenía, nunca pensó que los cambios en sus hermanas iban a peor, confiaba en la transformación natural, sin calcos modernistas, tampoco prístina ni romántica, pero si criteriosa, que potenciaran sus cualidades por contraste o resiliencia, incluso utilizando alguno de sus escombros, dejando ver los estratos del tiempo para reconciliarlas con la que un día fue la ciudad, específicamente en la calle 130. Pero nada de eso paso, en cambio quedaron ciegas, mutiladas, con adornos escabrosos entre una y muchas mutaciones a peor.

 

Silencio, una silla aparece por el ojo de una de ellas. Pregunta:

 

“11000010 10111111 01100001 00100000 01110001 01110101 01101001 11000011 10101001 01101110 00100000 01100010 01110101 01110011 01100011 01100001 00111111”.

 

La sobreviviente no regresa, es preferible caminar en el desierto negro, y volver el otro año nuevo.

 

Aunque ella no esté.



Fig. 01. Transformación de las viviendas 1966-2019. Fuente Propia.

 

Fatídico relato de una sobreviviente es un relato ficticio que rememora a la última vivienda original de la calle Ancón, Urb. Sta. Victoria, obra del Arq. Jorge Garrido Lecca en los años 60’.

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