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Articulos fechas especiales Medicina

La llama viva e insustituible de la enfermería peruana

Por: Dra. Mirtha Flor Cervera Vallejos
Docente de la Escuela de Enfermería USAT


En la Enfermería Peruana, antigüedad, nobleza y modernidad se articulan desde el inicio de un viaje que durará siempre, porque es una llama encendida, difícil de sustituir, al poseer mucho temple propia del que conserva coraje ético y así lo demanda  a sus agremiados en su rol imprescindible en el cuidado de las personas, vulneradas por la enfermedad o con aquellas que requieren  consejería, guía, y vigilancia como son las familias y la variedad de grupos humanos arraigados en su cultura y costumbres para sobrevivir.

La misión y la visión de la Enfermería Peruana tiene la notoriedad de ser insustituible por la relación directa y continua de sus profesionales con la persona enferma, al dispensarle cuidados diarios, observarle y aplicar los sentidos para captar sus necesidades, movilizando las manos para entrar en contacto con el cuerpo en situación crítica   para   equilibrarlo y mantenerlo de forma integral, en favor de su recuperación o rehabilitación, aplicando un conglomerado de competencias donde sobresalen la acogida, la compasión , la ternura, la cientificidad, la técnica  y la exigencia, inherentes al hacer de enfermería, vestida de gala siempre y hoy más que nunca al acercarse otro año de infatigable labor y servicio.

En esta misión y circunstancias muy amplias, las enfermeras con años de labor ininterrumpida, toman conciencia marcando el paso que el equipaje de la Enfermería Peruana lleva consigo paradas y avances en aras de llegar al logro de metas que costaron días, años y siglos de intenso trabajo, estudio e investigación como es rescatar y proteger la dignidad de la persona, aspecto considerado por la variedad de teóricas de enfermería y vivido por miles de enfermeras en el territorio peruano, en contextos apropiados o inapropiados, en tiempos buenos o en tiempos de pandemias, superados por el valor intrínseco de  promocionar la salud, la vida, de no excluir a nadie de su cuidado, bien conocen las enfermeras que sus manos son irremplazable aún en presencia de la técnica más sofisticada, ya que necesita el dedo cuidador que la active y porque no decirlo por poseer capital moral.

Se posee capital moral cuando crecemos en humanidad y poseemos virtudes visibles. La humanidad se hace cada día con el propio hacer que al entrar en contacto con las personas. Para cuidarlas nos interesan más sus problemas, discernir sobre sus necesidades, sus anhelos más que los propios y si somos profesionales que buscan la perfección y no la desunión  tenemos que reflexionar que los defectos, adversidades, imperfecciones y  errores también son inherentes a nuestra propia  naturaleza, de ahí que es necesario reconocer que a veces a los profesionales de enfermería nos falta un buen entendimiento y una libertad responsable, saber dialogar, conversar, decidir y evitar las disputas estériles que no nos conducen a nada , y si nos conducen a algo es a la indiferencia, a la frialdad, a la soledad, a la rutina, al enredo, eso hay que desligarlo de nuestra profesionalidad, así lo exige nuestra actualización, especialización y demandas de la sociedad.

Por tanto, optar por la unidad, el cariño, la superación juntos, ser más sensibles, ayuda recíproca para crecer y seguir hasta alcanzar las metas que cada enfermero o enfermera se propone, apoyar con el esfuerzo personal lo que otros profesionales de enfermería hicieron para lograr ubicarnos donde estamos actualmente

Y por qué hay que lograr metas altas en nuestra Enfermería Peruana , la razón más exigente es porque cada profesional de enfermería un día expreso un fuerte y rotundo a hacerse cargo de la vida, del dolor y  del sufrimiento de los demás,  por eso resulta imperioso saber comunicar ánimos,  confianza , esperanza, simultáneamente con la aplicación de terapias, procedimientos, educación, rezar, el rescate de la espiritualidad, muy importante pero olvidada por muchos ante la gravedad de problemas o exclusión de servicios, sí, de suma importancia para que enfermos y sanos encuentren sentido  a la enfermedad, al dolor a la incapacidad o la espera de la muerte, sustentados en detalles pequeños llamado deberes,  en el turno diario y en el tiempo que nos queda de trabajo y de vida, no solo para la Enfermería Peruana sino también para la Enfermería Mundial, pero ambas necesitan que sus derechos sean apoyados y sus superiores se preocupen con seriedad en su realización profesional.

Sin embargo, así como los profesionales de enfermería peruanos son indispensables y llama viva para cuidar de las personas en sus múltiples enfermedades, también requieren el reconocimiento oportuno de las autoridades en general y de manera específica las sanitarias y de los colegios profesionales.  En primera instancia con la protección de su salud integral, escuchar sus reclamos justos, mejoras en su salario, el abastecimiento de personal de enfermería suficiente, para no sobrecargar el trabajo de diez enfermeras en una y se asegure la salud de la sociedad en general, mejoras en los contextos de labor, propiciar capacitaciones integrales, en las escuelas de enfermería investigando la aplicación del mejor perfil profesional con base científica, humana, ética y espiritual en la formación de los futuros enfermeros.

Aspectos evidentes ya en algunos contextos, pero falta y mucho y eso es posible, si se valora a la enfermería en su plenitud de servicio, de esta manera todos en conjunto aseguramos que la enfermería peruana continúe en su ardua labor de promocionar la salud, hacer prevención de la enfermedad en estos tiempos con mayor exigencia ante el advenimiento de enfermedades crónicas y el envejecimiento de la población con gran preocupación para restablecer su salud y paliar el sufrimiento en general.

Resumido todo en un profundo amor por el ser humano, en servicio de una sociedad con anhelos de espiritualidad, porque es consciente que nuestro paso por esta tierra es finito y los resultados de la enfermería peruana se verán sin duda en lo trascendente de cada uno de sus profesionales, cuando sus derechos sean reconocidos, cuando cada persona vea en el rostro de la enfermera la ternura de Dios, la caricia de ser respetado, la sonrisa de ser escuchado y considerado como lo que eres una persona digna y única. La Enfermería Peruana está en nuestras manos, y con ella todos debemos exigirnos la reconquista de la humanidad.

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