Articulos Opinión

El futuro de la humanidad pos Covid 19

Dra. Patricia Julia Campos Olazábal
Rectora USAT

 

“Trabajemos juntos, en solidaridad, para asegurarnos de que nadie se quede atrás en la línea con lo dictado en la agenda 2030 y los 17 objetivos de desarrollo sostenible” (Lise Kingo, CEO UN Global Compact).

Qué premonitorias pueden sonar hoy estas palabras, pronunciadas en un mundo que hoy quedó atrás, y que sin embargo necesita cada vez más de la empatía y la solidaridad. En diciembre del 2019 Wuhan se convirtió en el reflejo de los cuatro jinetes del Apocalipsis y la OMS declaró la pandemia el 11 de marzo de este año; Asimismo, en marzo de este año, nuestro país fue consciente de que había llegado el coronavirus, pero no fue sino, hasta que se volvió a extender la cuarentena que el Perú entendió que no había vuelta atrás y de que un enemigo microscópico nos estaba obligando a repensar toda nuestra existencia. Y así como en el Perú, en el mundo entero la gente entendió que la realidad como la conocimos nunca más sería la misma.

Hace pocos días el Instituto de investigación y Políticas de enfermedades infecciosas de Minessota resaltaba que el COVID-19 llegó para quedarse por los siguientes 24 meses y que la pandemia no terminará hasta que el 60-70% de la población mundial esté infectada o protegida contra la enfermedad. Lo que esta pandemia ha traído, en palabras de Michelle Bachelet, en una entrevista concedida a El Comercio, ”Lo que ha hecho es resaltar las inequidades”, hacer visibles mil y un problemas en torno a violación de derechos humanos y sacar a flote racismo y violencia, y a pesar de que ésto suena duro, su conclusión es más bien optimista, “la mejor estrategia para terminar con la pandemia es  la solidaridad “ y dar prioridad de atención global a las poblaciones más vulnerables. Al respecto el 20 de marzo en el Financial Times Yuvel Harari decía que “la disyuntiva que se requiere plantear no es optar entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano ni entre el aislamiento nacionalista ni la solidaridad global“, palabras que desnudan crudamente las estrategias mal diseñadas de algunos países, que solo han conseguido con el aislamiento mal organizado empobrecer aún más su economía, dejando en el aire el fantasma de la conmoción social; sí, es cierto que a corto tiempo se necesitan medidas de fuerza y vigilancia pero solo a mediano plazo, con mucha información y educación, se conseguirá el empoderamiento ciudadano.

Somos y construimos una sociedad eminentemente presencial y consumista, una sociedad hedonista que, sin embargo, no dejaba lugar a disfrutar de verdaderos y pequeños placeres, una sociedad donde tener más es la regla y muchas veces  es tener por tener, donde se vive para trabajar porque da status, más dinero y un sin número de etcéteras; de pronto la realidad que golpea, nos obliga y hace ver, como dice Alberto Bellé (IDG Research) que “tenemos una puerta abierta muy interesante y tenemos que ver dónde nos lleva“.

Si miramos a un futuro después del COVID-19 la primera palabra que nos debe llegar a la mente es optimismo, las otras: adaptabilidad, reinvención, transformación digital, modelo de enseñanza híbrido, y compromiso social y con el medioambiente. Y con ellas descubriremos cómo será el mundo futuro después de la pandemia.

Quienes no vean la vida con optimismo, no podrán adaptarse y la palabra clave es esa. ¿A qué y por qué nos tendremos que adaptar? En lo familiar, a una recuperación del vínculo intergeneracional, a una mejor distribución del trabajo doméstico, a ser creativos con nuestro ocio, a explorarnos a nosotros mismos y descubrir de qué somos capaces, sobre todo quienes no somos nativos digitales, a cambiar nuestros paradigmas de comunicación. En el trabajo, acostumbrarnos a un trabajo compartido, recordar que el trabajo remoto tiene sus reglas y ellas son transversales a nuestros compañeros de trabajo y a nuestra familia; en esta nueva forma de trabajo será cada vez más importante el trinomio persona-procesos-tecnología. A nivel educativo, específicamente a lo que universidad se refiere, debemos migrar hacia un modelo híbrido de enseñanza-aprendizaje más acorde con el tiempo y la edad de nuestros alumnos; luchar para que existan mejores criterios de equidad, que la tecnología, hoy por hoy todavía cara, llegue hasta los últimos confines para poder asegurar así una enseñanza de calidad; debemos redefinir nuestras relaciones entre personas y trabajar en el reconocimiento del otro, el alumno, el docente, el trabajador administrativo, el trabajador de servicio, el cambio vino para todos pero unos de repente tenemos más herramientas y más medios económicos, por lo tanto sería bueno volver a pensar en el otro, en el prójimo .

Y, a la sociedad ¿en general que le espera? A nivel empresarial la palabra mágica es “reinventarse”, producir aquello  que tiene más demanda, no solo lo más caro o que era la “cara” de la empresa. Entender cómo evoluciona la demanda en un escenario complejo, volviendo a lo esencial, porque nos habremos dado cuenta que podemos vivir sin tantas cosas. La empresa deberá pasar por un cambio de cultura empresarial, obviamente la tecnología hará que el trabajo se transforme, así como el lugar donde se desenvuelve (el “work place” del futuro”).

Por otro lado, ¿dónde se nos quedó la RSU? Las empresas y las universidades se han visto inmersas en una crisis económica y climática. Ellas mismas deben repensar la manera en que se gestionan porque solo de esa manera será posible una recuperación económica, social y ambiental;  debemos reconstruir el  vínculo con la naturaleza, salir al frente con nuevas ideas y opciones, que se transformen en soluciones sociales integrales, para aquellos problemas complejos que en este momento necesita la región, el país y el mundo.

Quería terminar parafraseando a quien dijo que “el mundo se definirá en un futuro por las acciones que tomemos hoy”, entonces, empecemos por considerar que la salud y la educación son y serán prioritarias, así como su aplicación en poblaciones vulnerables, es mejor trabajar para vivir que lo contrario; es necesario tener nuevos referentes en liderazgo intelectual, con mensajes y vidas transparentes; por último, es necesario exigir credibilidad a las fuentes de información y que la vida solo es posible vivirla como una sociedad resiliente, que respete al ser humano y al ambiente .

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