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Cáncer de mama: ¿podemos prevenirlo?, ¿qué señales de alerta existen?

Por: Dr. Franklin Saavedra Idrogo.
Docente Clínica Quirúrgica USAT

El cáncer de mama es un enorme problema de salud mundial, es el tumor maligno más frecuente y con mayor mortalidad en las mujeres. En la actualidad en América Latina y el Caribe fallecen aproximadamente 300,000 mujeres víctimas de esta enfermedad, eso significa que esta neoplasia cobra la vida de 83 mujeres al día; en otras palabras, cada hora mueren tres mujeres. Estudios epidemiológicos afirman que una de cada 12 mujeres enfermará de cáncer de seno a lo largo de su vida; debido a estas cifras alarmantes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha asignado el  19 de octubre como el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de mama, con la finalidad de sensibilizar y recordar a la población sobre la importancia de esta enfermedad, promover el diagnóstico temprano y mejorar las oportunidades de controlar y tratar esta terrible neoplasia en todas las mujeres del mundo.

El término cáncer proviene del griego que significa cangrejo, probablemente por la forma abigarrada y ramificada que adoptan los tumores avanzados similares a un cangrejo marino. Recordando la historia encontramos que la descripción más antigua del cáncer de mama proviene de Egipto hacia el año 1,600 antes de Cristo, encontrándose en el papiro de Edwin Smith la descripción de ocho casos de tumores o úlceras en la mama que fueron tratados con horquillas de fuego; además se menciona que esta enfermedad no tiene cura. En el primer siglo de la era cristiana, Leonides médico perteneciente a la Escuela de Alejandría es considerado como el primero que efectuó una extirpación quirúrgica de un cáncer de mama; en los siglos siguientes muchos médicos han descrito casos de esta neoplasia y siempre con desalentadores resultados.

Este cáncer afecta a mujeres de todas las edades, el 50 % de quienes lo padecen son menores de 54 años. En los países en vías de desarrollo, como el nuestro, se ha observado una preocupante elevación en la proporción de mujeres jóvenes diagnosticadas con cáncer de mama; existen estudios científicos que proponen diferentes hipótesis para explicar esta elevación, entre los cuales se mencionan: el menor número de embarazos,  el retraso en la edad del primer embarazo, la reducción del periodo de lactancia materna, el uso de terapias hormonales de reemplazo, los cambios en los hábitos alimentarios, etc. Son factores que se deben tener en cuenta.

 

Se ha demostrado que cuando el diagnóstico es temprano y la concientización de las mujeres para recurrir inmediatamente al médico, el tratamiento es más sencillo y el desenlace es mejor. Es por ello que los programas mundiales dirigidos a la detección temprana de las alteraciones de las mamas descansan fundamentalmente en tres pilares: primero, el autoexamen de mama; segundo, el examen médico de mamas; y tercero, las mamografías periódicas.

Para realizar un autoexamen de mama, las mujeres deben practicarlo a partir de los 20 años y durante el quinto y séptimo día después de finalizada su menstruación, deben buscar cualquier abultamiento o masa, móvil o adherida tanto en las mamas como en las axilas, observar cualquier secreción anormal del pezón, zonas enrojecidas o calientes, cambio en la piel de los pezones o la mama como hoyuelos o hundimiento, prestar atención a un aumento inusual del tamaño de un seno; cualquiera de estos hallazgos deben llevarla a tomar la decisión de acudir a un médico para el examen correspondiente. En caso de que no encontrasen estas anormalidades en sus mamas, toda mujer a partir de los 26 años de edad debe programarse consultas médicas anuales con esta finalidad.

Se recomienda la realización de una mamografía bianual o anual para todas las mujeres a partir de los 40 años que presenten algún factor de riesgo, siendo relevante el tener un familiar cercano que la haya padecido, y una mamografía anual a todas las mujeres mayores de 50 años sin excepción. Por otro lado, el estado deberá garantizar a través del sector salud, el marco normativo, los recursos necesarios y la aplicación de las normas correspondientes para mejorar la cobertura; sin embargo, nuestro país está lejos de alcanzar los niveles que otras naciones más desarrolladas ya han logrado.

La epidemia silenciosa del cáncer de mama es una de las principales causas de discapacidad y muerte entre las damas, por ello, constituye una prioridad en los programas de salud; si bien la detección temprana es una buena alternativa, la clave más importante es elevar la conciencia y la educación sobre esta enfermedad a todas las mujeres, complementado con una adecuada respuesta del sector salud en la oferta de médicos del primer nivel, médicos especialistas, recursos tecnológicos y centros especializados de tratamiento a lo largo y ancho de nuestra patria.

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